miércoles, 19 de agosto de 2009

LA FILOSOFIA PAPELERA DE MASSUH Y EL PERONISMO

Cómo sentimos a la Argentina?

Héctor Massuh supo ser el Presidente de la Industrial Industrial Argentina (UIA) durante el menemismo, y uno de los mal llamados “Capitanes de la Industria” (porque la llevaron a su peor época de destrucción). Fue también el último dueño de Papelera Massuh SA -que comenzó a funcionar en 1957-, desde ahora administrada por el Estado Nacional, y supervisada con la activa participación del Intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, y sus trabajadores. La fábrica, fundada en los albores militares de la sangrienta “Revolución Libertadora”, se instaló en la periferia de San Francisco Solano, pueblo que había nacido algunos años antes (1949). El Arroyo Las Piedras le sirvió inicialmente de desagüe a sus efluentes, y sus chimeneas –como en Fray Bentos, Uruguay- algunos días arrojan el característico olor a huevo podrido de una papelera. Mano de obra nunca le faltó; tampoco terribles accidentes laborales. Y algunos de sus obreros después del golpe militar de 1976 siguen desaparecidos. La realidad periférica de Solano se iría conformando con empresas como Cattorini Hermanos a la cabeza (1952), Massuh (1957), Deliflú, Sodibe, El Sol Petróleo, y otros pequeños talleres, un subpolo industrial en el extremo no ribereño de Quilmes.

Tal vez alguien recuerde aquella escena final de una de las películas de Duro de Matar, con Bruce Willis, cuando le coloca a su feroz enemigo, maniatado, una granada en la boca y lo deja a su suerte. Aquí, haciendo suyo aquello de “capitán” que huye sirve para otras aniquiladoras batallas, Héctor Massuh deja en el 2008 al garete, abandonada, la Planta de Solano y a 600 puestos de trabajo luego de medio siglo de existencia.

En cualquier sociedad solidaria esta situación debiera ser intolerable para cualquier argentino de bien. Sin embargo, la gran prensa in-comunicadora y des-informadora presentó el novedoso y trascendente salvataje gubernamental de la fábrica, con activa participación de nuestra Intendencia Municipal, como la única situación “intolerable”. ¿Cómo es posible que el Estado se involucre o articule con la actividad privada? Desde una postura de derecho absoluto dichos medios sostienen que cualquier patronal puede decidir el cierre, o abandono de su fábrica. Las consecuencias sociales de sus decisiones no entran en los principios de su sistema de contratación del trabajo humano. Unos cuántos políticos se hicieron los distraídos sobre algo que debiera ser tomado como objetivo, o problema nacional de magnitud, compartido y éticamente sostenido por todos, sin especulaciones. Pues se trata de salvar a familias trabajadoras, el tejido social, y la dignidad argentina.

La gran prensa no dice que el endeudamiento moroso –su verdadera granada en la boca- que Massuh SA contrajo, lo es por créditos otorgados por bancos estatales (Provincia y Nación), y por inversiones provenientes de fondos jubilatorios (ex AFJP), y por el vaciamiento de insumos y materias primas organizado por sus dueños. Ello la hace más pasible de esta solución urgente, impulsada desde el Estado, manteniendo las fuentes de trabajo y, en definitiva, el mercado interno y la actividad productiva nacional. La realidad es que “esa” actividad privada ya estaba previamente mantenida con recursos públicos y estatales. El Estado Nacional pasa a pagar desde ahora un alquiler al dueño de la planta industrial por el usufructo de las maquinarias y las instalaciones, repone la marcha de la producción de bienes de interés masivo, mantiene las fuentes de trabajo, y con ello protege el tejido social y cultural de Quilmes y Solano. Y adquiere un nuevo nombre: Papelera Quilmes.

Massuh y Jauretche. Papel, ideología y verdad. La sombra de Facundo.

Pero hoy queremos detener la mirada en el primo de Héctor, Víctor Massuh (1924-2008), nacido en Tucumán. Hay una intricada e interesante relación entre este tipo de empresarios y la ideología que profesan, abanderados del liberalismo económico. Conocido como el “filósofo de la familia Massuh”, este hombre gastó bobinas de papel y pulpas de eucaliptos a través de diversas publicaciones, a lo largo de su vida.

Lo interesante para nosotros será que, Doctorado en Filosofía de la Universidad Nacional de Tucumán, Víctor Massuh escribe en octubre de1982, cómodamente, desde París, La Argentina como sentimiento (Editorial Sudamericana), donde hace un análisis de ciertas “realidades” nacionales que son aplicables a la fábrica, al contexto histórico en el que se levanta. Es decir, nos permite ver mejor cómo piensan estos empresarios a la Nación que los ha cobijado y enriquecido.

Nuestro país acababa de perder la Guerra de Malvinas a manos del imperio anglo norteamericano -heroica tragedia nuestra-, y a nuestro mentado filósofo no se le escapa ni una línea de su pluma franco-inglesa, para mal o para bien, sobre tan tremendo hecho contemporáneo de la argentinidad. Le pone a su librito un título tramposo y ganchero como pocos: no refiere al peronismo como un sentimiento, o alguna hinchada futbolera, popular y sentimentalera. Titiritero engañador, sustrae los verdaderos grandes temas nacionales utilizando sólo la cáscara. Leonardo Favio todavía le podrá dar cátedra con Perón: Sinfonía de un sentimiento (1999).

Formado en el mezquino carácter liberal, individualista (el populismo es la desmesura del pueblo convertido en multitud, dice), para el filósofo papelero, repasando nuestra actual situación, “no existe ningún mal argentino”, excepto la aparición del peronismo (1945-1955), al que acusa de ritualista, manipulador, liderado por un fervor religioso, un voluntarismo histórico y un caudillismo mesiánico; de haber removido el orden existente y haber extraviado la nacionalidad. Para él, sólo quienes se encuentren “arraigados” en las tradiciones del pasado (pre peronista), ya sean los “propietarios de la tierra” o quienes bajaron de los barcos y se diseminaron por el país, tendrán el hilo conductor que los lleve a captar a la Argentina como sentimiento.

En primer lugar vale recordar al maestro Arturo Jauretche cuando decía que el peronismo no es consecuencia de un líder caudillista, que propaga irracionalismo y demagogia, sino que Perón es el emergente de procesos históricos complejos, absolutamente explicables con cierto esfuerzo racional. Pero Massuh no puede ni imaginar estos procesos, menos comprenderlos, en sus abstractas elucubraciones desde París. Como buen liberal es un auténtico apátrida; la Nación le queda muy chica cuando la escupe con palabras. Si Tales de Mileto (s.VI a.C.) popularizó la imagen del filósofo que se caía al pozo de agua mientras caminaba inmerso en sus abstracciones, Víctor Massuh es la estampa del filósofo que ahoga en el aljibe los grandes temas mientras quiere seguir de a pie, como si no se hubiera tropezado con nada.

Es poco sabido que la emblemática fábrica solanense, y algunas otras del grupo (en San Justo, y en la Provincia de San Luis –Della Penna, orientada a la producción de papelería escolar y de oficina, y proveedor de resmas de papel al Ministerio de Educación y la Anses-), sirvió de sustento a la usina ideológica del liberalismo argentino. Filosofastro de muy pocos petates, este hombre fue embajador argentino ante la UNESCO durante la dictadura militar, y no nos estaríamos ocupando demasiado de él si no fuera por esta relación entre fábrica/Solano/nacimiento del peronismo/proceso histórico nacional e ideología, y las sombras temibles que esta nueva realidad representa como cuando Sarmiento, en Facundo, comienza a evocar la sombra maldita del caudillo riojano. Su explicación distorsionada del origen y proceso del peronismo también es una explicación ideológica, también una justificación, racista, y sesgada, del origen y proceso de la fábrica papelera de su familia y del nacimiento mismo de un pueblo como San Francisco Solano, como tantos otros, que están subterráneos a dicha distorsión. Veamos.


Los mitos de Massuh. Las tradiciones del peronismo. ¿Quién es la Nación?

De todas las paparruchadas que contiene el libro mencionado hay una que nos sirve de perla para tomarla, entre las piedras del charco, con los dientes,. Dice: Millones de argentinos vivieron sin raíces en la propia patria. Vieron cortado el vínculo con el paisaje rural y tuvieron que vivir una adaptación forzada al medio ciudadano. En los alrededores de Buenos Aires, desprendidos del campo pero sin pertenecer del todo a la ciudad, en esa tierra de nadie donde el asfalto termina, se agruparon para enfrentar el desarraigo; apenas atenuado por la voz de un general carismático que ellos escucharon con el simple agradecimiento de quien se siente protegido (pág. 74). Entonces, este no tener “raíces en la tierra, ni en la tradición, la lengua o el paisaje” anterior llevó a esta masa -que se habría hecho peronista por una vacío existencial de origen-, a la infidelidad con el pasado, a un carácter anti argentino y a una “conducta” negativa.

Sin embargo, podemos decir, muy sucinta pero no excluyentemente de otros elementos, que el peronismo arraiga en varias tradiciones (no nace “ex nihilo” como gustan decir los “filósofos”, de la nada), algunas más viejas que otras, y todas pueden resumirse y patentizarse en el nacimiento y desarrollo de un pueblo como San Francisco Solano, lugar donde la fábrica de la familia Massuh trasciende a la comunidad nacional. Por ejemplo:

Nace en el gaucho martin fierrista (1833-1852): aquel desprovisto de todo excepto de la china, los hijos, un pequeño rancho y gran dominio de las tareas camperas con el ganado vacuno y caballar, que huye hacia la frontera del indio cuando le quieren imponer un modelo de desarrollo industrialista europeo, reemplazando a la población autóctona por la europea, al caudillo por el porteño ilustrado, al tiempo lento y libre de la llanura pampeana por la leva militar, hasta que venga un criollo a esta tierra a mandar (el General Perón). Tal vez ese gaucho histórico de José Hernández, y los variopintos caudillos federales de Provincia habían desaparecido en 1945, cuando nace el peronismo, pero no esta cosmovisión del gaucho perseguido por un mundo que desde el origen no es suyo, sino extranjero, que viene de afuera hacia adentro, poniéndolo en una posición defensiva pero con búsqueda integradora, superadora.

Nace en los valores del indio: bravío, desprovisto de los bienes económicos y culturales de la colonización, impermeable a la cultura oficial del imperio, sobre todo inglés, y desconfiada de los espejitos de colores del hombre “blanco”, como evocación del supuesto “salvaje” contra los “civilizados” (sin duda, no es casual que a los solanenses nos llamaran los indios de Solano, continuadores de los indios kilmes, por una línea muy sutil, predominantemente simbólica, harto despreciativa y humillante, que es preciso establecer, por cuanto en este concepto no se está aceptando la transculturalización que impone la cultura espiritual y material dominante.

Nace en los hijos, ya nacionalizados, de la segunda oleada inmigratoria: llegada a la argentina entre 1918-1939, de carácter mayoritariamente campesina y sumamente empobrecida, con poca experiencia de lucha política o sindical (al contrario de la que había venido en la primera oleada, 1870-1914), pero con gran afán por arraigarse a la nación y a sus valores. Que constituyeron una base ampliada de peones rurales. Y en los últimos escapados de la segunda guerra mundial (1939-1945). No es casual que a ellos se los llamara tanos brutos o gallegos ignorantes. Poco después algunos formarán la generación de comerciantes e industriales pequeños y medianos. La fiesta de las colectividades se celebra en Solano, y tiene una fuerza regional excepcional.

Nace en la clase obrera: urbana, ya robusta, pero sumergida en sus derechos, formada en el proceso industrialista de la década del 30 (no es casual que a estos se los llamara los descamisados), hombres ajenos a la corbata de la burocracia estatal reinante, y ligados a la fábrica, a la producción de bienes, no a la intermediación parasitaria o a la exportación primaria.

Nace en la migración interior y de países limítrofes: de la campaña a los centros urbanos, ya formados o en formación –como Solano-, producto de la distorsión capitalista campo/ciudad (no es casual que a estos se los llamara los cabecitas negras).


El Reloj de los Ingleses. El Peronismo y una Nueva Nación. Revisión de la historia.

De alguna manera con el peronismo nace una nueva Nación -que le molesta tanto a Massuh-, arraigado en estas tradiciones, en esta grandiosa, extraordinaria y nueva mezcla, sobre la cual los liberales no dejan de ser responsables y causantes (puesto que hicieron todo para destruir al gaucho; despojaron a saco las tierras indígenas; fomentaron las oleadas inmigratorias con la esperanza fallida de crear una nueva Europa –consagraron previamente para ello la Constitución Nacional de 1853-; distorsionaron el paisaje rural del mundo federal con las luces de neón de la ciudad-puerto, sus promesas de confort y trabajo mejor pago, y el fraccionamiento de grandes extensiones de tierras suburbanas para el gran negocio de sus ventas financiadas en cuotas). Es decir, manipularon la historia; exorcizaron los rituales de las espigas de trigo y las carnes vacunas; hicieron de los altos mandos militares, golpistas y depredadores, sus verdaderos caudillos modernos; e invocaron la pureza de la fe desde falsos altares para anular el fervor católico del pueblo argentino. Los liberales anti peronistas nos quisieron hacer creer que nunca tuvieron una conducta anti argentina; serán siempre los eternos “padres de la Patria”.

San Francisco Solano, que proveyó mano de obra a la papelera Massuh y a otras industrias locales, regionales, y de zona portuaria, conformaba en sus inicios ese típico poblador de un campo que ya dejaba de ser y una ciudad que todavía no era (véase Historia de San Francisco Solano: 1580/1993, Editorial el Monje, páginas 19-21, V.G.G). Sí, como dice Massuh. Pero, justamente, era el único poblador que podía tener por primera vez en la historia una pata en los dos mundos, sin sentirse repelido por su doble condición, sino integrado, campesino y obrero. La ciudad lo seguía amenazando como a Martín Fierro pero también lo llamaba para afincarse y educar a sus hijos; el campo lo expulsaba obligatoriamente a buscar nuevos horizontes en la ciudad pero hacia una zona que todavía era campo, y lo seguirá siendo por lo menos durante diez años desde su fundación (1949-1961), cuando la electricidad cambia el sol de noche y las velas por las bombitas de luz. La oligarquía terrateniente comenzaba rápidamente a desprenderse de grandes extensiones de tierras en el conurbano para lotearlas, que sirvieran de alojamiento (“dormitorio obrero”) a cientos de miles de nuevos pobladores.

Los “científicos” marxistas no pudieron comprender el fenómeno, obnubilados por categorías puras que, acá -concretamente en Solano y el país-, no se daban (desde hace mucho está dicho que El Palacio de Invierno de San Petersburgo en Rusia estaba muy lejos, y que sobre la Casa Rosada apenas había nevado una sola vez a comienzos del siglo XX). Pero los liberales también comprendieron menos (la República culta francesa, o la cúpula del Capitolio norteamericano, también estaban muy lejos para el gauchito, el cabecita negra, el indiecito, el tano, el gallego, y el obrero peronista). Lo más cercano a Inglaterra era la Torre de los Ingleses que la Reina nos regaló para el centenario.

El peronismo, a medida que construye el nuevo futuro nacional, también reconstruye el pasado del que viene, porque aparecen fuerzas que estaban dormidas en ese pasado, aquellas que perturban tanto al empresario filósofo, para quien la historia debiera permanecer inalterada.

El peronismo moviliza el lenguaje creando accesos a la educación primaria y secundaria de grandes masas, que ahora no pasará solamente por los principios alfabetizadores y civilizadores de la Ley 1420, sino por su ideologización política. Y a la universidad, de los sectores medios. El peronismo retorna a la mejor tradición de que el trabajo es fuente generadora de riqueza y ahorro. El peronismo arraiga en la conciencia de la defensa del patrimonio nacional sustentada en las fuertes empresas del Estado; por lo tanto, las raíces de la tierra no serán abstractas, sino imaginadas desde lo colectivo, y desde la creación de un espacio público de soberanía, no desde una propiedad demarcada por alambrados y tenencia de vacas y ovejas. El peronismo cambia los paisajes urbanos y, de alguna manera, los rurales, pero no destruyéndolos, sino congregándolos. Es el peronismo el que nos instala en una cierta modernidad tardía para la Argentina, y no la “europeización” de la generación de 1880, que solo nos instaló en la dependencia, alargó y profundizó la miseria. Es el peronismo el que por primera vez diseña objetivamente una dicotomía entre pueblo y oligarquía, empero sin lograr resolverla, historia y antihistoria. Es el peronismo el que más trabaja la marcha de la racionalidad histórica argentina en los comienzos de una globalización independiente, cuando las fuerzas más repugnantes de la irracionalidad sanguinaria, antipopular y antihistórica, se desatan con el derrocamiento de Perón en 1955, el líder mesiánico y protector, y quedan al desnudo, como lo que siempre fueron: irracionales, despóticas, antidemocráticas y antinacionales, produciendo los más profundos descalabros del paisaje nacional, que costará décadas revertir.

A veces, mirar con la lupa un bichito de la humedad bajo las piedras nos permite reconocer la totalidad del jardín en el que vive. Luego, tomado en la palma de la mano, tal vez empecemos a sentir la Argentina.
Víctor Gabriel Gullotta
Julio del 2009

EL HOMBRE COCINADO A FUEGO LENTO

Los “ ejes del Mal” – Azufres, diablos y diamantes

El controvertido escritor italiano, florentino, Giovanni Papini (1881-1956) escribió la historia de “GOG” (1931), un personaje bestial que ya no alberga en su corazón ninguna fibra de cristianismo, y encarna la posición del Mal Absoluto en el mundo.

Vale rescatar ahora el mensaje de este italiano punzante, empedernido. En esta época un desaforado emperador estadounidense también habla de un “eje del mal”, frase cargada con pólvora si la hay, que debe ser quebrado de la faz de la tierra. El GOG del Siglo XXI se materializa hoy en varios monstruos. Cuando aparecen estas formas del lenguaje en altos voceros de la política globalizada ya no podremos alegar inocencia, ni sostener indiferencia. Porque algo grosso se está gestando encima de nuestras cabezas. Y es aconsejable comenzar a leer los signos de los tiempos a partir de la rotación de ese eje.

El eje del Mal y del Bien regresa a plantearse una y otra vez en la historia. Cielo e Infierno. La mayoría de las veces como tragedia, algunas pocas como comedia. La vieja lucha central de la humanidad puesta en la boca de cow boys como Ronald Reagan (nos decía, “atacar al imperio del mal” acompasado con su sinfónica “Guerra de las Galaxias”). Más tarde le sucedieron en la misma prédica y lenguaje Margaret Tatcher, George Bush (padre), Bill Clinton, Tony Blair, y George Bush (hijo). Por supuesto, todos ellos se colocaron a sí mismos en el “eje del bien”. Para más, el Papa Benedicto XVI sentencia a la “Jihad” –Guerra Santa- como contraria a la moral y a la racionalidad de Dios cuando todavía están calientes los misiles y las bombas de fragmentación contra la población musulmana y de Oriente próximo.

Por otro lado, lo encontramos a Hugo Chávez respondiendo con la señal de la cruz y oliendo a azufre diabólico en la sede de las Naciones Unidas donde antes habían estado aquellos. Y al jeque Nasrallah proclamando la victoria divina en El Líbano. Demasiadas cargas de caballería y fuego cruzado para un pobre corazón latinoamericano.

La diferencia es que algunos saben muy bien de qué se trata, qué diamantes se ocultan detrás de ese lenguaje teñido por visiones religiosas, donde a cada rato se menta al maligno, o a Dios, cuáles son los ingredientes que se cuecen en la olla del mundo, y muchos de nosotros, en cambio, hombres de a pie, con recado de gaucho desensillado, todavía nos encontramos en la ceguera e ingenuidad totales.

De la batata a pistón y manivela

Pero volvamos a la historia de “Gog”, caricatura del Anticristo, fines del siglo XIX y principios del XX, bajo cuya piel se halla escondida el alma del diablo, el esqueleto del antropoide, el sentido cruel de lo primitivo que se ha sedimentado en el fondo de la cultura humana. ¿Dónde iba a buscar él los “ejes del mal”?

Vemos que en sus diversos viajes alrededor de la tierra GOG llega a los lugares más insólitos y logra visitar en su intimidad la vida de varios personajes deslumbrantes (Einstein, Freud, Edison, Lenin, Saint Germain). Realiza por ejemplo una visita a Detroit, la ciudad de los primeros automóviles, un 11 de mayo, y lo recibe el viejo Henry Ford, primer creador de la batata a pistón y manivela que hoy después de más de cien años ya se impulsa a velocímetro espacial. Lo encuentra fresco de aspecto y buen humor. Ford, al fin y al cabo es un hijo predilectísimo de la revolución industrial inglesa desembarcada en las costas del Atlántico, donde “civilizaron” los primeros colonizadores meta bala a las culturas indígenas del Oeste Norteamericano. Entonces, le explica a GOG que lo esencial no es desarrollar la industria de las cuatro ruedas, sino aplicar un vasto experimento intelectual y político que transformará como nunca la historia de la humanidad. Empero Ford se queja que todavía no se ha comprendido bien los ¨místicos¨ principios de su actividad: “fabricar sin ningún operario un número cada vez mayor de objetos que no cuesten casi nada”, reconociendo que será preciso todavía algunas decenas de años antes de conseguir este ideal: “la fábrica donde no habrá nunca nadie”. Las bases de donde el mal, lo maligno, se alimentará durante el siglo XX. Sacar al hombre del centro de su esencia, del trabajo como medio y objeto de vida. ¿Cuál es el verdadero eje de rotación de la vida humana acaso? Dirá el Príncipe Hamlet: “Ser o no ser…He ahí el dilema. ¿Qué es mejor para el alma, sufrir insultos de Fortuna, golpes, dardos, o levantarse en armas contra el océano del mal, y oponerse a él y que así cesen?”

Ford asume que se trata de instaurar la religión del movimiento sin reposo, de la producción sin límites, de la máquina libertadora y dominadora al mismo tiempo. Es el profeta del mundo del futuro. GOG dice que no olvidará esta visita a “un hombre tan profundo”.

¿El fin del trabajo humano?

La inmensa satisfacción de GOG por la entrevista a Ford, y la crítica mirada de nuestro Giovanni Papini, busca agudizarnos el sentido común. Veladamente, anuncia el inicio del fin de un modo de existir, de trastocar los ejes del mundo. Papini espera la respuesta humana que no llegará. Gog, sin embargo, reaparece, emerge entre las sombras del siglo XXI. El transcurso de más de un siglo de aquella entrevista ficticia nos muestra que las palabrejas de Don Ford han encarnado en la transformación constante de los espacios comunitarios y sociales. Verificamos que las intenciones profundas del modo de producción capitalista inauguradas por Ford allá en Detroit se han casi cumplido, aun con prácticas ya algo distintas al mismo fordismo. El destino del socialismo de cuna soviético, formado también al calor de la misma época fordista, con sus ansias de industrialización y competencias desde el Estado, no tuvo, como lo vemos ahora, un desarrollo diferente.

Lo verdaderamente significativo para tener en cuenta hoy es que los fundamentos de Ford los encontramos servidos y descriptos en bandeja de hierro por Jeremy Rifkin, ex asesor de Bill Clinton. Licenciado en Economía, Profesor y Doctor en varias Universities norteamericanas. Epígonos nunca faltan. Su libro, que va para la década, “El Fin del Trabajo: Nuevas Tecnologías contra puestos de trabajo, el Nacimiento de una Nueva Era”, merece una nueva interpelación o visita al estilo GOG. Pasaron más de cien años delante de nuestros ojos y no hemos advertido el lento pero constante declinar de la presencia de la fuerza productiva humana en el uso (y abuso) de los instrumentos del trabajo, junto con la calidad de la naturaleza/Tierra (que se convirtió de sagrada Pachamama en un ente cualquiera a ser explotado).

Del hacha de piedra arrojada por los primeros humanos para combatir al enemigo o cazar animales, hasta la supercomputadora de “2001 Odisea del Espacio” -que todo lo hace, prevé y controla-, pasaron miles de años. Sin embargo, ocultamos este actual declinar bajo el anestésico nombre de “progreso”. Cada vez más máquinas de todo tipo hacen funciones reservadas antes a los humanos (en el campo, en la industria, en los servicios, también en la vida cotidiana). Una máquina, un “avance” científico más, y menos hombres en el proceso de trabajo. Se alimenta con tecnologías a la diosa producción como si fueran vírgenes arrojadas al volcán para acallar la necesidad de su demanda, de su terrible furor. Todo perverso en sus fines: construir máquinas para aliviar el trabajo humano. Pero en sus resultados reales cada vez más corporizados: eliminar al trabajo humano, eliminar al hombre. Es aquí donde debemos comenzar a intuir por lo menos una preparación minuciosa de la historia que terminará de darnos el golpe mortal. El verdadero reinado del “diablo”, construido por máquinas que hasta tendrán la imitación de la risa para burlarse de nosotros. ¿Devorarán a sus propios, actuales, dueños? ¡Cómo volvería a sonreírse el siniestro GOG!

Es imprescindible reconocer que ya no se trata más de cambios cuantitativos (mayor velocidad, productividad, etc.), que podemos pesar como un kilo de zanahorias en el almacén de Don Chicho. Sino de algo grave, gravísimo. Está pasando en medio de la sociedad del confort y del todo a la mano. A tal punto que podríamos comenzar a hablar de la “extinción del trabajo humano” tal como lo conocimos desde siempre, de un cambio esencial en la historia de la humanidad respecto a cómo construir y elaborar bienes de consumo, y vivir nuestra vida como humanos Examinemos, por si quedan dudas, los productos visibles de tal progreso tecnológico-social: desocupación masiva mundial, hambrunas impresionantes, desequilibrios sociales, guerras civiles, honda soledad en medio del desarrollo de las tecnologías de la comunicación, deterioro mortal del ambiente, depredación de las fuentes energéticas, contaminación residual y acumulativa, robotización en la percepción sensible del mundo, destrucción de las formas históricas conocidas de familia, invasión absoluta de toda intimidad, consagración del panóptico (el gran ojo, El Gran Hermano) desacralización de toda naturaleza, investigaciones científicas que liberan la Caja de Pandora de la genética y la microbiología. Y dentro de quince años los expertos demográficos pronostican unos 1.500.000.000 más de habitantes netos sobre el planeta.

La máxima aspiración a alcanzar de todo empresario, de Ford hasta nuestros días fue siempre obtener la producción de bienes y servicios sin que el hombre –ese individuo enfermo, desganado, contestatario o saboteador- participe ya jamás en ningún proceso de trabajo. Pero donde el conjunto del proceso de producción le regrese la misma o superior ganancia que antes, cuando el trabajador, de carne y hueso, estaba a su disposición y comando. El buscado “maná del cielo” cae sin trabajar hecho realidad para unos pocos. Plusvalía acumulada en inversiones y capital circulante, una inmensa bola de nieve, que comienza a generar más plusvalía por sí misma –Marx la creía imposible sin trabajo humano concreto, pero también creía el reemplazo de hombres por máquinas como la “ultima metamorfosis del trabajo”-. Aunque esta bola tiene sus límites es la creación de un monstruo que ya no necesita alimentarse del músculo ni del cerebro de esos seres “inferiores” y disminuidos a la condición de cucarachas, alienígenos, “ajenos a la historia” (piénsese en los millones de las favelas de Río de Janeiro que se multiplican día a día, y de quienes el jefe narco Marcola definió como “extrañas anomalías de una nueva especie”, y en los Maras, de Centroamérica para abajo). Se trata de la extinción del trabajo humano en las formas históricamente conocidas, aparición de neo-humanos desconocidos hasta el presente, y destrucción de toda moral socialmente aceptable desde los albores del cristianismo.

El valor de las personas empieza a disminuir en relación a que el valor del producto de su trabajo tiende a ser cada vez más insignificante e irrelevante, en un mundo cada vez más automatizado. En la década del 80, la danza fragmentada y mecánica de Michel Jackson (Thriller) no era un alarde de gimnasia sino el anuncio que la robotización simbólica de los cuerpos estaba sucediendo insidiosamente. Hoy ya tenemos actores, músicos, jugadores y cantantes virtuales. Si los robots actúan en el plano físico, la virtualidad lo hace en el plano del espíritu y la conciencia.

Los tambores del futuro

La informática y la computación aplicadas al mundo del trabajo es la llave actual de dicho reino en gestación. Sin intervención del músculo ni de la inteligencia humana, sino gracias a las máquinas que ya tienen la fuerza suficiente (hardware), y capacidad para generar otras máquinas, y el cerebro superlativo (software) de todo, de cualquier hombre, comenzó el siglo XXI a batir sus siniestros y silenciosos tambores. La especie humana, esa ranita experimental al estilo Ford, se está calentando a fuego lento en una olla de agua que empezó siendo fría, y cuando hierva ya estará quieta y muerta de muerte infernal, sin haber sabido que un pequeño salto, al principio, la hubiera liberado de la cómoda olla. Señores: Rifkin nos anuncia una “Nueva Era”, y nosotros seguimos en casa tomando mate, discutiendo banalidades entre galletas y queso, sin advertir el alegre azote que nos caerá sobre la cabeza. ¿Tremendismo? No lo creo. Parece ser tan fuerte el control social, nos han estampado a yerra el proceso de globalización, que no vemos el jaque mate a menos de dos jugadas del final. Tal vez esté bien que sigamos como si nada; los profesores se equivocan a menudo, si eso nos tranquiliza. Es tan complejísimo el problema, que en la Nueva Ley de Educación, a tratarse próximamente en el Congreso Nacional, se postula la incorporación del alumno a las nuevas tecnologías informáticas para no quedarse atrás del mundo globalizado que viene (¿y cómo negarse a ello? o ¿por qué habría que negarse a ello?).

Lo que acontece implica cambios profundos y de largo alcance, a todos los niveles y rangos sociales. Emerge el reinado de otro eje, y viene con música de fanfarrias y vestidos de gala. Lo maligno, la enfermedad insidiosa, tiene encarnaciones reales, si queremos diagnosticar a tiempo. No vale decir que estos cambios son irreversibles, que son un “mal necesario”. Tampoco es suficiente decir que otro mundo es posible, pues hay que sentar las radicales bases filosóficas de cómo debe ser ese mundo, con qué, y por qué. Sin duda, los mejores valores religiosos tendrán que decir lo suyo, de manera auténtica, sin engaños, denunciando a fondo el peligro que subyace, profundamente, y pronto. Y los verdaderos Jefes de Estado tendrán que ponerse al frente del debate, educando a sus pueblos como se debe y con lo que se debe. De lo contrario, que alguien diga que no estamos en peligro, y si lo estamos, ¿cómo nos salvaremos?

Por Víctor Gabriel Gullotta
2007

MODERNIDAD Y "ULTRAVIOLENCIA"

PASADO Y ACTUALIDAD DE DOS PELICULAS: PARABOLA DEL BRASILEÑO MENEZES MASACRADO COMO UNA NARANJA POR EL SERVICIO SECRETO INGLES EN LA CIUDAD DE LONDRES.

¨LA NARANJA MECANICA¨.

Escrita por el narrador Antonhy Burgess, ¨La Naranja Mecánica¨ fue llevada al cine en 1968 por Stanley Kubrick (autor entre otras obras de ¨Odisea del Espacio 2001¨ –metáfora de un cerebro electrónico independiente de la voluntad del hombre, y ¨Nacido Para Matar¨ – película crítica sobre la guerra de Vietnam que llevó a los soldados norteamericanos a un estado de desesperación absoluto).

La Naranja Mecánica será el inicio de cientos de películas del género que los grandes productores ¨artísticos¨ comenzarán a inundar en las salas y videoclubes hasta nuestros días (ver, por ejemplo, ¨Trainspointing¨). Cuando se estrenó levantó polvaredas de asombro y comentarios en todos lados. ¿Sin embargo, a casi cuarenta años de su estreno, cuánto de aquella realidad narrada se instaló con extrema crudeza en nuestra vida cotidiana actual, sin sensibilización ni grandes sorpresas, como cine de anticipación, aun más, ya con estupefacta indiferencia? Hace un año moría acribillado un ciudadano brasileño en el subte londinense por el servicio secreto de la policía, sospechoso de portación de cuerpo, y ello nos hace rememorar ahora los acontecimientos que vamos a unir entre aquella película y la más reciente, ¨La Ciudad de Dios¨, testimonio del modo de vida de una favela en Río de Janeiro.

La película está ambientada en Londres (con Kubrick ya instalado en esa ciudad), y comienza con el rostro brutal de Alex que nos mira fijo, pestañas postizas. Alex y sus amigos Droogos –de quienes él es Amo y Líder- se sientan en el sofá del Korova Milk Bar, rodeado de maniquíes de mujeres desnudas en poses lesbianas, y bebe con ellos vasos de leche al parecer rociados con drogas para ponerse en forma y salir a ejercer en la calle la ¨ultraviolencia¨ como forma de vida. Lo hacen vestidos de blanco –signo de la pureza- pero con bastones y abultado sexo de goma espuma. En la democrática y avanzada Londres ejercen la intolerencia, sin temor al castigo ni sintiendo algún tipo de sufrimiento. La falta de sufrimiento por el dolor ajeno es la principal característica de este adolescente, abandonado a la suerte de sus fechorías nocturnas.

¨Ya no hay orden ni ley¨ - le dice a Alex el viejo borracho y alegre, cuando lo muelen a palos de beisbol. Ultraviolencia gratuita, edificante, cínica. El grupo utiliza un lenguaje en código interno. La escena en el teatro donde los drogoos se enfrentan a otra banda parecida, bajo la melodía escénica de música clásica, y en cámara lenta, es otro ejemplo que Kubrick nos brinda de su idea de la ¨ultraviolencia¨. Pelea y destrucción al borde de la muerte, absurdo ¨arte¨ del hombre moderno encerrado en sí mismo, sin valores, sin ánimo de trascendencia, puro regodeo del golpe que parte cabezas. Velocidad, vértigo, sentimiento excitante, uso animal de la sexualidad, ejercicio permanente de la violencia contra el otro, disfrute al borde del peligro de vida desde posiciones de poder contra el indefenso. Los drogoos, niños de clase media en el centro de Londres, vacíos de toda esperanza y sentido de pecado. Mientras los dueños del poder ríen silenciosos en las sombras, falsamente preocupados.

Pero no sólo el viejo borracho, hombre de los callejones, sin hogar, es la víctima. También lo son las criaturas excéntricas que el Londres moderno ha creado: un escritor afeminado en una sofisticada casa moderna, y al que, mientras le bailan ¨cantando bajo la lluvia¨ lo patean y le violan a su mujer; o el caso de una mujer sesentona, luciendo en su casa como gran objeto de arte un gigante pene con testículos, al fin el arma asesina de los muchachos. La representación en estos casos de una estética contemporánea, un ¨arte degenerado¨, encuentra un vengador irracional. Y nos pone en la incómoda tarea de analizar de qué lado estamos? ¿De las escamas superficiales de ese arte liviano, inservible, o del rebelde asesino que ataca bajo los efectos sublimes de la música de Beethoven?

Se puede decir que La Naranja Mecánica –prohibida su exhibición en cines durante un tiempo- es un viaje horripilante a través de un mundo de padres ausentes del cuidado de sus hijos, de grupos juveniles bandoleriles, asesinos y violadores, que odian a los viejos y a toda la podredumbre de la ciudad moderna. El protagonista –un adolescente que está bajo tutela de una Escuela de Corrección- es un predador sin conciencia. Pero también la contraparte, un sádico celador –representante del poder y del Estado- lo persigue y se encuentra al acecho de su esperada e inminente recaída.

¨Viddea bien¨ este ¨mundo cruel¨ dice a cada rato Alex. Hay que destruirlo. Su habitación tiene una escultura de cuatro Cristos bailarines, con sexos indisimulables, y puños en alto. Femenino y masculino. La hibridez como señal de una época. Insensibilidad por el dolor ajeno; protesta infantil por el dolor propio. Una sociedad que ha perdido sus instintos vitales más fuertes, para depositarlos solamente en la violencia física más despiadada (la ¨ultraviolencia¨).

Capturado después de una faena violenta y asesina –traicionado por sus propios droogos- Alex, de religión anglicana- es enjuiciado y condenado a 14 años de prisión. Después de dos años de encierro, y cuando sus lecturas de la Biblia lo hacían soñar fantasías lujuriosas en silencio interior – es elegido para llevar a cabo un nuevo tratamiento médico descubierto por el Ministerio del Interior inglés, que lo pueda devolver otra vez a las calles de Londres sin peligro. Las cárceles de criminales comunes están superpobladas y al Ministro le preocupan los prisioneros políticos que vendrán ahora –década del 70, el IRA Irlandés, la lucha por la paz mundial, etc.).

El nuevo tratamiento se llama Ludovico, y busca tornar la maldad en bondad, con métodos psicológicos conductistas y pavlovianos, por asociación. Obligado a ¨viddear películas¨ violentas durante varias horas, sin poder cerrar sus párpados, e inyectado por sustancias que le provocan una sensación de pánico y vómito frente a esas películas, el método regenerativo se basa en hacerlo sentir dolor o sufrimiento a la fuerza. Es extraño. Una sociedad intrínsecamente violenta como la inglesa –que ha infligido dolor por todo el mundo- desplegada en su propio espejo para llegar a una rápida curación. La idea es ¨hacerlo sentir mal de verdad¨, ¨no ¨dejarlo salir de la línea de fuego de la película¨. Sentado en la ¨silla de tortura¨, se le muestra la ¨ultraviolencia¨ del mundo haciéndole escuchar, paradójicamente, la música que él más amaba, el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven. Así llega a una vaga sensación de pecado e injusticia, y proclama su curación y alabanzas al Señor. Ahora será –por inducción mecánica- un ¨sujeto impelido al bien¨ como dice el ministro del Interior. Y aunque el sacerdote de la cárcel afirme que no es una verdadera curación porque el ¨sujeto no puede elegir¨ moralmente entre el bien y el mal, Alex ha quedado como una naranja suave y tierna por fuera.

Pero resulta que la curación de Alex, una vez retornado a las calles –y sin poder volver a habitar su cuarto porque sus padres lo han sustituido por un muchacho extraño-, lo deja ahora indefenso para la venganza de quienes fueron sus diversas víctimas –entre ellos los viejos amigos droogos convertidos ahora en policías violentos-. La sociedad ya no puede hacer nada por él, excepto restablecerlo al estado de violencia anterior, pero ahora como amigo del poder, integrado y apocalíptico como siempre. Y es así que varios Alex volvieron a aparecer, envueltos en el pánico del estrago de las bombas de Londres, en el subte de Londres, muchos años después, acribillando a un brasileño, que creía estar buscando algún destino distinto.


¨LA CIUDAD DE DIOS¨

Esta película, inscripta en una línea argumental tan alejada del realismo mágico latinoamericano, del año 2003, dirigida por Fernando Meirelles, nos describe con crudeza la vida de las favelas de Río de Janeiro, donde la pobreza, la falta de oportunidades de sus habitantes, la inmovilidad social, el abandono absoluto del Estado, y el tráfico de drogas y armas cruzan la cotidianeidad.

Esta realidad también nace en los años 60 cuando el primer desplazamiento de gente de las favelas de los morros de Río de Janeiro se instala en el llano de la así bautizada “Ciudad de Dios¨, con casillas de material, delineadas en cuadrícula española, con acceso al gas en garrafas, a un paso del mar y de la muerte. Pero poco ha cambiado comparado con la vida en los morros. Sin oportunidades sociales, sin educación, los niños van formando un entramado social pandillero donde la violencia, la ¨ultraviolencia¨, los va ganando como forma de sobrevivir, o también de morir muy tempranamente.

Sin trabajo, o con trabajos muy mal pagos que los hacen desesperar, los niños van soñando con ¨robar la casa de un rico¨ para poder salvarse. Finalmente, atrapados en su propia Ciudad, comienzan a robarse y matarse unos a otros, pobres contra pobres. Y la policía, creada como una fuerza de contención, a lo único que se dedica es a buscar, encarcelar o matar pandilleros, siendo tan víctimas como los primeros. Un mundo donde no hay salidas. Un dragón que se muerde la cola a sí mismo, mientras los proveedores –que no se ven- de armas, marihuana y cocaína, con la policía corrompida, hacen sus grandes negocios.

La película es la historia de ¨Cohete¨, un muchacho de la Ciudad de Dios, ladronzuelo sensible, que admirado por el quehacer fotográfico logra salir de la favela y trabajar ya entrado en la adolescencia en el Journal Do Brasil como fotógrafo, retratando a su propia gente. Podría haber terminado perfectamente sus días emigrando y caído en el subte de Londres. Pero muy pocos logran salir de ese círculo. La clase media aparece como la principal consumidora y proveedora de fondos al círculo ilegal del dinero. Historia de amistades cambiantes, inseguras, lealtades muy escasas. La pobreza y la muerte instantánea cruzan a todo momento por la divina ciudad.

Cuando ¨Cohete¨ cumple los dieciséis años, esto es, avanzada la década del setenta, el consumo de marihuana –que parece darse a todo nivel, indiscriminadamente- trastoca por la pesada cocaína, fuente de mejor y mayores ingresos. Cohete además persigue el amor imposible de una chica blanca Pero Angélica, mezclada con los favelistas por esa atracción del olor a las armas, al poder, y a la muerte trágica y romántica del amante, sueña en cambio su ideal hippie y convence a un bandido a irse a vivir al campo.

Así, con la distribución y venta de drogas como eje central de la película, aparecen sus distintos personajes: los barriletes (o avisadores de la llegada de la policía), el mozo de reparto (el distribuidor de las porciones de droga), el vapor (siempre listo para esfumarse), el soldado (guardia armado), el gerente (que cuenta lo vendido y realiza cálculos) y el patrón (dueño de la sección de la favela). También los soplones de la policía.

Hay personajes que podríamos describir tiernos tanto como siniestros: son los enanos, bandas de niños de 5 a 7 años, dedicados al robo en marabunta. Viven en una sección sin ley ni jefe, ni padres, hambreados y ya sedientos de violencia, desesperanza. Al final de la película se los visualiza como los nuevos amos del terror, cuando la masacre terrible entre las bandas rivales ha hecho su juego de destrucción y ¨limpieza¨. ¿Qué nos sorprende? ¿Es que no estábamos avisados?

Los favelistas no dejan de soñar con un mundo al que odian: quieren tener las últimas zapatillas Nike, las mejores camisetas, los jeans de marca. Algunos quieren ser play boys como si ése fuera el modelo de la felicidad. Limítrofes con el lumpenaje, pero con un oscuro sentimiento de clase odian al rico y a sus mandantes directos, la policía. No dejan de admirar ciertos placeres del mundo moderno que los ha marginado. Pero, como se dice, ¨la honradez no paga¨, y entonces los códigos son los de la violencia, el narcotráfico y el tráfico de armas, la detentación de un poder por un control muy pequeño. Cada tanto, las guerras entre pandillas, infladas desde afuera, o fogoneadas por incidentes menores por la ambición del dinero o de las mujeres, hace su trabajo donde el dragón sigue mordiéndose la cola.

El trabajador no es despreciado, pero se le tiene cierta desaprensión, como una marca de falta de virilidad. Quienes empuñan las armas son los hombres. La mujer acompaña al violento o al buen mozo. En fin, la favela, tierra de purgatorio para los pobres sin salida, a veces se convierte en un infierno. Ciudad de Dios, abandonada por Dios.

COMPARACIONES:

La ultraviolencia como medio de vida:
En la Naranja Mecánica los adolescentes que lo pueden tener todo del mundo moderno londinense, lo repudian por vacío e hipócrita, y en su cabalgata de horror por la noche de la ciudad se vuelven contra sí mismos al mismo tiempo que se convierten en parte del poder que los ha engendrado.

En la Ciudad de Dios los niños y adolescentes que nada tienen ni lo tendrán, al no poder descargar su odio hacia fuera, encerrados, también se vuelven contra sí mismos, al margen del Estado que los margina y no los acepta. Ambos muchachos: uno del polo del mundo moderno –Londres-, y otro de su subproducto miserable –Río de Janeiro-, parecen ser títeres inconscientes de un titiritero que los digita en un juego a su favor para su propio beneficio. La serpiente anida en Londres, y sus huevos, en todo el mundo.

La desesperanza como situación del espíritu empobrecido:
En la Naranja Mecánica Alex sólo vive por las drogas, el sexo rápido, la violencia y la sangre como fuente de placer, sin futuro. Su cabalgata es intensa pero se sorprende muy efímera, y sin sentido. La resaca y podredumbre del mundo tecnológico en el que vive le repugna, y no sabe adonde dirigirse. Su fuerza interior está perdida, desorientada. La compulsión a destruir es proporcional a la falta de futuro. La Naranja Mecánica es un mal habido sueño individual, que termina congraciándose con el control social, del cual es su indudable producto de origen.

En la Ciudad de Dios, Cohete va advirtiendo que el mundo de las drogas, la posesión del poder, los espacios por sobrevivir con dinero, son efímeros también. La vida es muy corta allí. El círculo de la pobreza parece ser imposible de superar. No hay futuro para los habitantes de esa Ciudad. Ciudad de Dios es un mal habido sueño colectivo, que termina destruyendo a todos sus individuos. La desesperanza de la modernidad del siglo XX en los dos polos: la ciudad de la extrema riqueza del imperio inglés, y la ciudad de la extrema pobreza del mundo que ese imperio, u otros similares, van regando con desigualdad y desprecio.

¿Nos damos cuenta que el fino fluir, imperceptible, dramático devenir de ambas realidades de los últimos cuarenta años en todas partes del mundo desembocan en el embudo de lo mismo? Oh modernidad! Qué bellamente armado y sangriento es tu rostro, y greñosos tus cabellos que se extienden por allí y por acá!. ¿Quién será el torpe, el necio, que puede cantar algo por ti?

En el año 2004 el brasileño Juan Carlos Menezes, 27 años, nacido en la pobre Ciudad de Gonzaga –otra Ciudad de Dios al fin-, al sureste de Brasil, de padres campesinos, muere bajo siete balas asesinas dirigidas directamente a la cabeza por los nuevos droogos mecánicos, convertidos al poder del Estado de la monarquía parlamentaria inglesa, envueltos en el pánico de la mala conciencia de su propia autodestrucción.

Por Víctor Gabriel GullottaAbril del 2007

LAS VENAS ABIERTAS DE BOLIVIA

Una Increíble Historia de Plata, Oro, Caucho, Salitre, Estaño e Hidrocarburos.


Bolivia, ubicada en el centro de América Latina, con una geografía diseñada tanto por el altiplano como por la llanura, andina y amazónica, ha sido y sigue siendo un país que en materia de recursos naturales ha recorrido la misma secuencia del desarrollo del mercado de demanda de los últimos cinco siglos, y sufrido sistemáticamente una depredación extractiva que la dejó, en cada etapa, exhausta y sin nada para ella. Ese proceso de sangrado parece haber llegado a su fin. La Bolivia de Evo Morales ha tomado conciencia que no se puede seguir así. Algo nuevo está ocurriendo en el país hermano, corazón de Sur América continental. El inicio del largo retorno a la fortaleza incaica y a la recuperación de la Nación. Para la Argentina, resulta de vital importancia estratégica regional que el proyecto de Evo cristalice, porque será un espejo que nos devolverá nuestra propia imagen latinoamericana, muchas veces perdida en los oscuros tugurios de una formación racista, inglesa y pronorteamericana.

Potosí y Fray Bentos. Galeano y Borges.

Cuando los europeos llegaron a estas tierras, las minas de Potosí –ciudad que fundada en 1545 llegó a ser la más importante del continente-, sirvieron para proveer de plata y oro al continente conquistador, situación aprovechada fundamentalmente por Inglaterra en la etapa de su acumulación precapitalista. El narrador, poeta e historiador Uruguayo Eduardo Galeano, escribió en 1970 Las Venas Abiertas de América Latina, y mostró el esplendor y decadencia de la ciudad de Potosí. Nuestro Jorge Luis Borges –tan opuesto a Galeano-, escribió un famoso cuento, “Funes el Memorioso”, (Artificios), en 1944, donde ubica a un tal Irineo Funes en la muy uruguaya ciudad de Fray Bentos. Vale mucho la comparación entre las dos ciudades y los dos escritores. De aquella grandiosa Potosí no queda nada; sólo enfermedad y abandono. De ésta Fray Bentos, elevada al altar de las tecnologías “limpias” , esperamos acaso que ocurra algo muy distinto a Potosí después de cierto tiempo?

Potosí, ciudad olvidada, depredada, rescatada por el uruguayo Galeano. Fray Bentos, ciudad olvidadiza, bandera de la nueva explotación industrial sin indios mitayos, mencionada en un viaje de la infancia por Borges. Irineo Funes, fraybentino, buscaba recordar todos los detalles de las cosas, pero había perdido la “capacidad de pensar”. Galeano, montevideano, en cambio, nos quiere hacer pensar. Muchos charrúas, y otros tantos argentinos, siguen creyendo hoy en la salvación y desarrollo económico por vía de la entrega de nuestros recursos naturales. Galeano es una de las pocas figuras uruguayas que ha salido a denunciar a la pastera Botnia, la futura decadencia de la nueva Potosí-Fray Bentos, a pesar de ser criticado allí como “traidor a la patria”. Nuestro anglófilo Borges sin duda hoy habría levantado el puñal contra la Bolivia de Evo, y reivindicado a su extraño “amigo” Funes, el memorioso para nada de Fray Bentos. En América, como entonces, como ahora, se enfrentan la visión de la verdadera memoria para el futuro, por un lado, y la visión del olvido y el ocultamiento de la verdad para borrar el pasado, por el otro.

Guerras de albatros y cubiertas Goodyear

Cuando la Revolución Industrial inglesa (siglo XVIII y XIX) ya estuvo consolidada, Bolivia nuevamente pasó a ser desangrada con la extracción del guano, dejados por los albatros en la costa, y el salitre, utilizados por Europa -y sobre todo Inglaterra- para fertilizantes o pólvora, respectivamente. La Guerra del Pacífico (1879), acicateada por Inglaterra, provocó que Bolivia perdiera su salida al mar a manos de Chile, y toda la zona productora de estas materias primas en la zona de Antofagasta y Atacama. El origen de esta guerra estuvo en el intento boliviano de querer cobrar una tasa de 10 centavos por tonelada a la inglesa Melbourne & Clarke, que operaba en Antofagasta.

Pero no fue la única pérdida sufrida por Bolivia. No terminaba el siglo XIX cuando perdió la región del Acre a favor de Brasil, zona de explotación del caucho, vendido por sus inútiles élites gobernantes. Mientras Goodyear, y las primeras automotrices fordistas desarrollaban el automóvil y el neumático, Bolivia intentó gravar la exportación del caucho de su zona amazónica –era el segundo productor mundial-, que contrabandistas brasileños concretaban a través del río Acre. Así llegó la llamada Guerra del Acre (1899-1903), que representó la pérdida de 190.000 km2 para Bolivia a manos de Brasil, más que lo rendido anteriormente con Chile.

Estaño para soldar entuertos. Sangre por petróleo y gas.

A fines del siglo XIX, la producción minera de plata fue reemplazada en importancia por el estaño, convirtiéndose para Bolivia en el primer producto de exportación, ya que comenzaba, sobre todo en Europa, y otra vez en Inglaterra, el agotamiento de las viejas minas de Cornwall. Se alzaba la era del incremento del consumo de bronce y latón, la soldadura y la expansión de la hojalata. Había que resolver entuertos de ingeniería, construcciones fantasmagóricas, amoladoras de carne humana. Los antiguos dueños de las minas de plata perdieron influencia a favor de los nuevos dueños de las minas de estaño. Pero a diferencia de los señores de la plata -profundamente enraizados en la oligarquía tradicional-, los nuevos magnates del estaño eran generalmente advenedizos, ligados en todo caso más aun con el gran capital internacional, no menos despiadados y entreguistas, como aquellos. Las ganancias obtenidas sin duda no se destinaron para soldar la unidad boliviana.

El ascenso de esta nueva rosca del estaño rompió entonces con el “equilibrio” logrado en las últimas décadas del siglo, y precipitó las oposiciones regionales y políticas (Sucre por un lado, La Paz por el otro; conservadores y liberales), en las que se manifestaban el conflicto entre los nuevos sectores mineros y mercantiles -que movilizaban a las clases medias urbanas, e incluso al campesinado-, contra la vieja oligarquía terrateniente-minera (en 1898, con el triunfo liberal, la sede del gobierno se traslada de La Paz a Sucre, Departamento de Chuquisaca, simbolizando el desplazamiento del poder).

Con el régimen liberal resultante se intensificó la penetración imperialista (ferrocarriles, empréstitos leoninos). En 1920 la minería aportaba el 90% del total de las exportaciones bolivianas (el 74% de estaño y el resto en plata, plomo, zinc, cobre, bismuto, tungsteno, antimonio), y representaba el 40% del producto bruto nacional. Los sectores y regiones agrícolas se mantuvieron estancados. Los enormes beneficios obtenidos por las empresas mineras se revertían parcialmente en inversiones, y la mayoría de las utilidades salían del país en pago de gastos de transporte y fundición, o para ser invertidas en el extranjero en el circuito de las finanzas europeas. El sector minero en el país tenía una extraordinaria concentración en tres grupos solamente (el grupo Simón Patiño, que ligado con el corazón del capitalismo británico producía el 59% en 1929; el grupo Mauricio Hochschild que controlaba el 10%; el grupo Félix Aramayo que controlaba el 5% del total de las exportaciones mineras). Fue así como aun en los años de mayor prosperidad de la minería el gobierno vivía en una penuria permanente. Sólo cuatro ejercicios fiscales no arrojaron déficit en treinta años.

A partir de 1930 se observa lentamente la penetración de los intereses norteamericanos, en la búsqueda y explotación de pozos petroleros. Durante la Primera Guerra Mundial EEUU se había convertido en uno de los principales compradores del estaño boliviano. Pero la producción de estaño -luego de esa guerra-, ya sea por el colapso de la industria en Europa, ya sea por la aparición de nuevos productores –el propio EEUU-, empezó a decaer y se cerraron muchas minas. La cotización de la barra de estaño a nivel mundial sufrió una estrepitosa caída. La clase rosquera del estaño comenzó a tambalear. Cuando el gobierno de Gualberto Villaroel (1943-1946) quiso gravar la producción de estaño controlado por Simón Patiño y la oligarquía, ya había pasado su momento de auge, con precios controlados desde los grandes centros financieros internacionales.

En esa primera mitad del siglo XX también Bolivia y Paraguay habían iniciado programas de desarrollo de la inhabitada región del Chaco, que desembocó en la Guerra del Chaco (1932-1935), acicateada una vez más por Inglaterra, que decía haber descubierto importantes yacimientos de petróleo en la región. Bolivia perdió importante territorio a favor de la segunda, con desastrosas consecuencias para ambas naciones. Hubo un primer intento (1936) del gobierno boliviano por confiscar y expulsar a la Standard Oil Company de New Jersey (que rivalizaba en dicho territorio con la angloholandesa Shell), dando origen a YPFB, pero derivó en su posterior derrocamiento. De hecho, toda la región actual del sur del Departamento de Santa Cruz de la Sierra -ex Gran Chaco-, ligada con una importante red de comunicaciones a Brasil, es la zona por excelencia de las refinerías de petróleo y producción de gas. Y de grandes extensiones de tierra fértiles semicultivadas produce el mayor Producto Bruto Interno de la Nación, fuente de las actuales tensiones entre el Occidente altiplánico y el Oriente húmedo.

De esta última etapa, extractiva del gas, Bolivia exportó y exporta gas a varios países vecinos (y se consideró exportar gas también a México y EEUU vía Chile, intento frustrado por la reacción popular), pero sólo el 1% de su población tiene el fluido en red domiciliaria. El costo de una sola garrafa supera el salario mensual de cualquier obrero. Recursos naturales inmensos e indigente situación de vida de sus habitantes, creada por quienes gobernaron a Bolivia desde siempre, desde la rosca y la entrega. Desequilibrios que deben resolverse a favor del campo popular, conservando la geografía de la Nación, o confluir en la balcanización que pivotea la embajada norteamericana. Ello no dejará a la Argentina fuera del conflicto.

Hoy, las regiones pobres de Bolivia –indígena o mestiza, población mayoritaria y marginada social y políticamente, minera, altiplánica, campesina, cocacolera- del Occidente Boliviano, esto es La Paz, Cochabamba, Oruro, Chuquisaca y Tarija, sostienen la necesidad de la unidad nacional, y cambiar la distribución de la renta nacional. En cambio, algunos pobladores de las regiones más ricas de Bolivia, del Oriente Boliviano, esto es Pando, Beni y Santa Cruz de la Sierra –blanca, baja o de llanura, más urbana, odiosamente antiindígena en la raíz de sus viejas clases dominantes, campesino-industrial-, sostienen la necesidad de iniciar un proceso autonómico. Apenas ocultan sus deseos de la partición de Bolivia y el nacimiento de un nuevo país, que asegure no distribuir la renta nacional hacia las regiones más pobres, y quedarse para sí (en realidad, para los grandes intereses multinacionales) con los ricos recursos naturales del petróleo y el gas natural de la región. El Occidente, en este panorama, se adelanta con el pedido de nacionalización de los hidrocarburos, y el llamado a una asamblea Constituyente que renueve el pacto constitucional entre todos los bolivianos, para así salir al cruce de cualquier intento separatista.

Históricamente, la Bolivia Occidental fue abandonada a su suerte. La producción minera del Occidente Boliviano, como ya vimos, se ha reducido considerablemente en el mercado internacional, a expensas de los precios, de la falta de inversión en renovación de equipos y tecnología, desangrada en el puro afán de la industria extractiva que no dejó nada a su paso. Y no hablamos de Cochabamba, cuando reaccionó furiosamente contra el alto costo en dólares que impuso la recién llegada empresa privada de agua potable, la estadounidense Bechtel. La llamada guerra del agua acabó expulsando a esa firma y amplificó la manera de hacer política. El salitre, el guano y el estaño quedaron atrás. La reforma agraria, alguna vez intentada tibiamente, quedó relegada, y las grandes extensiones de tierras permanecen. Pero hoy vuelve a aparecer con renovada fuerza su definitiva concreción. Los hidrocarburos están en proceso de nacionalización. Por primera vez en muchos años empieza a haber superávit fiscal para desarrollar políticas de Estado por el cobro de regalías. Una tercera parte de la población que se gana la vida con el cultivo y la comercialización de la hoja de coca, sobre todo en las tierras del Chapare, podría comenzar a diversificar sus cultivos en paz

El pequeño mundo de esta parte del continente está cambiando a pasos acelerados. El Presidente de toda nuestra querida Bolivia, Evo Morales, está en peligro. Quiere cortar el hilo de la historia de explotación y depredación, para poder hilvanar otra, de desarrollo equilibrado, y solidario. Tratan de impedirlo los intereses mezquinos, los idiotas útiles, los desinformados, fácilmente cooptados, el racismo secular. Vaya por Evo y por Bolivia nuestra Argentina solidaridad.


Víctor Gabriel Gullotta
2007

Documentación utilizada:
Del Campo, Hugo, Villarroel, Ejército y Nacionalismo en Bolivia, Historia de América en el Siglo XX, Centro Editor de América Latina, 1972
Galeano, Eduardo, Las Venas Abiertas de América Latina, Catálogos, 2003
Mas, Hugo, Revolución y contrarrevolución en Bolivia, Centro Editor de América Latina, 1971