“Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos…Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia…”
Jorge L. Borges, Las ruinas circulares
“Hoy ya no me queda nada; ni un refugio… ¡Estoy tan pobre!
Solamente vine a verte pa’ dejarte mi perdón…”
Armando J Tagini, La Gayola, grabada por Gardel en 1927.
Varios cagatintas hoy repiten que el único refugio ante el más grande colapso del sistema financiero capitalista sigue siendo el dólar, hasta que, como en el cuento de Borges, termine comprendiéndose, con terror, que este billete es sólo una mera apariencia de lo que quiso ser, o como dice el tango gardeliano de la precrisis de 1929, huya, paradójicamente, hacia sí mismo, al refugio de los que ya no tienen refugio.
Miles de personas, creyendo que estamos en la época de las cíclicas devaluaciones del peso argentino ante el dólar -y malos reflejos mediante-, inducidos por los grandes medios de in-comunicación y desinformación, corren con cierta premura a refugiarse locamente en la moneda que ha devorado y devora al mundo de hoy. Quedó muy grabado en la memoria popular aquella falsa desmentida del ministro de Economía de la última dictadura, Lorenzo Sigaut, en 1981, cuando dijo “el que apuesta al dólar pierde”, y a los tres días estaba devaluando 35% la moneda nacional.
Si hay algo que dejará el choque contra este iceberg financiero-económico internacional (¡Jacques Attali, asesor del gobierno de François Mitterand, lo advertía en 1981!), con epicentro en EE.UU. y rápidamente propagado a Europa y Japón, es que el dólar dejará de ser la moneda reserva de valor mundial, en un proceso que no podemos aventurar si será de meses, un par de años o algunos años. ¿Por qué? Porque se soñó a sí mismo, creyendo que a partir de sus pesadillas imperiales podía multiplicar a su imagen y semejanza los hombres, los mundos y las sociedades. Porque fue tanta la riqueza que devoró para alimentarse, y tanta la pobreza que multiplicó por el planeta -inversamente a la multiplicación de los panes que repartió Cristo- que lo único que le queda es el espejo de la nada, una vacía referencia de valor, un agujero negro que ni siquiera la ciencia de los economistas puede calcular. (Véase nuestro artículo “El Amor en los Tiempos del Petróleo, ¿Quién Ama a Wall Street?”, marzo de 2008, en Los Indios Kilmes y El Suri, publicado poco antes del estallido financiero mundial).
Burbujas y tormentas perfectas. ¿Quién es el malo del barrio?
Hace tiempo hubo “burbujas” de valores inmobiliarios (Japón, sudeste asiático, España), que inflaron a valores irreales los precios de viviendas, oficinas y locales. Hubo “burbujas” de valores de commodities (cereales, oleaginosas, productos sin valor agregado), alimentos e hidrocarburos, que hiceron inaccesible para los pueblos elementos de vida cotidiana esenciales. También hubo “burbujas” de valores de acciones de bolsas, que elevaron a precios fabulosos empresas de papel, tecnológicas, informáticas, financieras. Y ahora, con todo ello, se está formando la “tormenta perfecta”, la “burbuja” de la emisión de bonos dolarizados del Tesoro de los EE.UU. para cubrir el inmenso déficit generado (consumo y despilfarro), durante décadas, el llamado “plan de rescate” de bancos y empresas. Crecimiento exponencial del endeudamiento norteamericano (también europeo) ante el mundo. El que emite sin respaldo real a la larga juega contra la credibilidad y sustentación de su propia moneda. Ya sabemos acerca de esto en la Argentina.
Ningún cagatintas de los grandes medios de in-comunicación y des-información tiene la honestidad intelectual -o la suspicacia, al menos-, de preguntarse o aclarar dónde fue a parar la pérdida de tan inmensa riqueza, a qué Estado Nacional, a manos de quién o de qué grupos. Porque -como en la ley de la física escolar de Lavoisier-, nada se pierde, todo se transforma. Uno solo, oscuro personaje, Bernard Maddof, estafó a grandes inversionistas -algunos argentinos-, en apenas cincuenta mil millones de dólares. ¿Y dónde fueron las oscuras golondrinas verdes otros nidos a poblar? Se está hablando de una pérdida (estafa planetaria), un agujero negro, de once billones (millones de millones) de dólares. Véase el artículo del valiente e informado periodista Raúl Dellatorre, en Página 12 del sábado 7 de febrero de 2009 (“La madre de todas las burbujas”).
Suramérica recibe y recibirá un ataque en toda la línea. A veces desde dentro: Alan García, Presidente del Perú, acaba de pedir, junto con el despedido Bush, que nos neguemos a cualquier “proteccionismo” en los flujos comerciales (que los países pobres vuelvan a abrir sus fronteras indiscriminadamente), para que la crisis de los poderosos la terminen pagando los más débiles en las relaciones de intercambio. No sería muy impropio pensar que una parte del estallido de la crisis está diseñado, con cierta inteligencia supranacional, además de lo indudablemente objetivo, para detener el crecimiento de Suramérica y la constitución de su unidad continental.
Alberto Padilla, comentarista financiero de la CNN dice, por ejemplo, en un caso de cinismo impagable, que se cierne la “tormenta perfecta” sobre Venezuela (caída internacional del precio del petróleo y el 40% de caída de las exportaciones del oro negro a EE.UU.). Véase las analogías de augurios posibles que surgen para la Argentina, Chile o Brasil. Con ello, concluye el des-informador, el in-comunicador, que Venezuela no tendría “caja” para sostener su revolución bolivariana. Y, por casa, ¿cómo andamos, Padilla? El Presidente Hugo Chávez acaba de decir que aun con un precio del barril del petróleo a u$s 0, no se detendrían ninguno de los programas sociales previstos para varios años, cuando en EE.UU. ya hubo un millón y medio de desocupados en el último trimestre.
Si, pongamos por caso, el malo del barrio todavía conserva cierta credibilidad basada en la aplicación de presiones -cuando no, del terror-, por sus andanzas pasadas, y dice que quiere pagar (enjuagar) todas las deudas y entuertos emitiendo miles de millones (billones) de dólares (en títulos o en papel moneda), con la maquinita que tiene en el gallinero, y el barrio todavía le sigue recibiendo esos “valores” emitidos por él (es decir, financiando con trabajo su holgazanería e improductividad: gastos en armamentos, lujos, timbas), entonces que algún sabio economista desmienta si en algún momento eso no se caerá a pedazos, produciendo la miseria masiva de todos aquellos que, por miedo o negligencia, a modo de refugio, los acumularon de “buena fe”. De la posibilidad que el malo del barrio pueda seguir descargando su malicia en el vecindario, y que este la siga aceptando, depende la subsistencia de este sistema perverso. Cada vez se le hace más difícil, y el dólar está iniciando su decadencia. Por lo pronto, la Argentina pasó a acumular de 0,3 toneladas de oro en 2003 a 54,7 toneladas de oro en 2008, constituyendo el 3,3% de sus reservas totales. En el mundo crecen las reservas en oro físico.
Las monedas nacionales versus dólar. El combate de las Naciones contra el Imperio
Lo que estamos viviendo es la conmoción de todas las monedas del mundo (bolsas, acciones de empresas, bancos, reservas de bancos centrales), dado que papá dólar se está muriendo de enfermedad terminal. Esas monedas nacionales, por el momento, siguen sin encontrar otro refugio seguro, o valor de referencia internacional, y se deprecian forzosamente, al son de la última apreciación del dólar que sobreactúa contra la estabilidad monetaria de todas ellas. Algunos hasta tienen la desfachatez de decir que es una vez más una demostración de la solidez del capitalismo y la globalización.
Cuando el refugio sigue siendo el dólar se nos impele a que lo sigamos financiando. Entonces, el gobierno norteamericano sigue emitiendo billetes o bonos, inconmensurablemente, para financiar su cada vez más patético y horroroso vacío de valor real, su consumo e inversiones sin contrapartida en producción. Todos los países estudian medidas para poder exportar a todos, y todos estudian medidas para protegerse de las importaciones, al mismo tiempo, ecuación de difícil resolución positiva. Más aun, cuando todo el comercio internacional sigue siendo regulado por el dólar (en menor medida, por el Euro), moneda que baila en el vacío o en la nebulosa de su verdadero valor.
Esto resulta un brete de magnitud incalculable para el mundo. Pues, de la depreciación de la moneda propia contra el dólar, se sale exportando y protegiendo la propia cadena de generación de valor nacional, o desarrollando el consumo interno, o ambas cosas. Pero, cuando del otro lado de la cadena comercial, están haciendo lo mismo desesperadamente, los choques de fuerzas serán inevitables, y nos podremos encontrar ante un choque total de naciones, bloques o continentes, si no se construye un nuevo sistema de cooperación internacional. De lo contrario, los gobiernos saben que de la conmoción de las monedas que no puedan emerger de esta debacle, se pasará a las conmociones sociales por caída del consumo y desempleo masivo, al descontrol político de las naciones, a la caída brutal de las instituciones, tal vez a un caos mundial. Pero ¿cuál es la efectividad, si todos hacen lo mismo, pensando contra el otro y no en un sistema de cooperación y solidaridad? Si los grandes tenedores de bonos del Tesoro de los EE.UU. y de dólares (Japón y China), o de otros grandes bancos centrales, salieran al mercado a vender esas tenencias, por desconfianza ante la falta de realización de efectivo para cubrir las necesidades internas de sus propias monedas, se provocaría una corrida planetaria contra el dólar, valor que se pincharía como una pompa de jabón, la madre de todas las burbujas. La apuesta al dólar de cientos de miles, millones de personas, empresas y naciones será la más grande catástrofe y estafa del ahorro nacional.
El imperio anglo-norteamericano, y no sólo, está desesperado para que los países de Suramérica pierdan sus superávit fiscales y comerciales, y vuelvan a endeudarse, compren crédito en dólares. El conflicto con las patronales del campo en la Argentina, y gran parte de la arremetida de una oposición política, ciega y anacrónica, que se le une vergonzosamente, más la campaña orquestada por los grandes medios de in-comunicación y des-información, se encuentra en consonancia con los propósitos antinacionales de las embajadas de EE.UU., Inglaterra y otras: desfinanciar al Estado, y volver a someterlo a las reglas del “libre” mercado de las empresas trasnacionales, y sus servidores internos, para descargar la crisis que ellos provocaron en el corazón de los pueblos del mundo. A Eduardo Buzzi le podríamos cantar: “todo es mentira, mentira es el lamento, hoy está sóoolo mi corazóon”, y esa es la cruel verdad de los propósitos vergonzantes de una variada y extremadamente ciega oposición, la mentira de fondo tamizada por la utilería de algunas verdades. Pero la cuestión no es Buzzi, sino el progresismo liberal en la Argentina, que lo buscó y busca como aliado y, como siempre, sigue siéndoles funcional y aliado a la oligarquía y a los intereses antinacionales, desde la aparición del Coronel Perón en la Secretaría de Trabajo, allá por 1943. ¿Qué es la patria? ¿Quién es la patria?
La mesa de desenlace
Si cada país de nuestro continente cree que puede salvarse por sí solo estará liquidado. Urge, por ello, la integración comercial de cadenas de valor por complementariedad (te vendo lo que tengo y te compro lo que no tengo), mediante un sistema que tendrá mucho que ver con establecer otra referencia de valor que no sea el dólar. Dificilísima tarea porque algunos países están más “globalizados” que otros, conectados con distinta intensidad en otros mercados internacionales (no es lo mismo Brasil que Paraguay, y Argentina que Ecuador). Pero entendemos que la tarea deberá ser, a revienta caballos, de supervivencia, con líderes unificantes.
La élite económico-financiera -una particular Mesa de Enlace reducida- que gobierna el mundo por encima de Bush, Obama o Putin, sabía de estos resultados: preparó y desencadenó este monstruo que arrasa riquezas por varios lados (desempleo, ahorros, producción), al mismo tiempo que las concentra en pocos. No nos sorprende del todo, aunque no deja de ser una asombrosa torsión de la cola del animal que se va cerrando sobre los pueblos. Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que de ese pequeño lugar, donde el gran capital resuma codicia y avaricia, no están preocupados; están eufóricos por haber llegado a este punto, buscado tal vez desde hace siglos. Los voraces saqueadores de riquezas están atentos para que el desmadre provocado por ellos mismos quede dentro de sus cálculos. Se ríen de los pueblos, se burlan de los gobiernos nacionales, y hasta serían capaces de entregar a Bush a un tribunal internacional por crímenes de lesa humanidad, si eso sirviera, una vez más, para ocultar los verdaderos poderes en las sombras; de entregar el dólar a la hoguera de las vanidades, y de hacer retroceder al propio EE.UU. al industrialismo de comienzos del siglo XX.
La mano en el bolsillo y en el corazón. Bicentenario y conciencia nacional
Ante la incertidumbre, entonces, acción orientada siempre hacia la defensa de los pueblos de este continente. Desde un punto de vista nacional hay que poner todos los ahorros, depósitos y riquezas acumuladas a generar más bienes, consumo vital, servicios, créditos, educación y cultura, bien distribuidas, dado que, a nuestro entender, hoy y cada vez con mayor agudeza, se planteará que no hay ni habrá moneda de referencia que fije un patrón de resguardo (refugio) de valor absoluto. No habrá crédito externo. Vivir con lo nuestro y ponerlo en acción. Máquina que no trabaja se oxida. Capital que no circula en el trabajo productivo se funde, ya no podrá revalorizarse en el circuito financiero. Obreros que no trabajan no generan consumo, fortaleza de tejido social, y cultura nacional. El ahorro de la Nación, los trabajadores, las clases medias, empresarios, por ejemplo: lo acumulado en las AFJP bien extinguidas debe ser canalizado como respaldo de obras que generen más valor, conserven lo ahorrado del trabajo y generen más trabajo (no inversiones en Wall Street, como estaban antes, que quedan embargadas al fin por un juez de EE.UU.). Unidad nacional por sobre las acciones de las naciones imperiales y de los grupos que se le ponen a su servicio, objetiva o subjetivamente. El bicentenario nos puede encontrar fundando una nueva Nación o hundiéndola en el fragor planteado por los inútiles y vergonzantes, o malignos, internos y externos, y por una situación internacional colmada de egoísmo y desesperación.
Los propietarios de cajas de seguridad, que están refugiados en monedas, debieran entender que, antes que se encuentren con humo verde el día que las vayan a abrir, es mejor invertirlas en bienes o acciones tangibles nacionales. La burguesía que vive en el país, y que alguna vez soñó que su cuenta corriente en el exterior le daba el refugio a su capital de lo usufructuado en la Argentina, para él y para sus futuras generaciones, debiera estar bastante preocupada ante la caída incesante de grandes y “seguros” bancos hacia donde giró la riqueza (casi siempre no declarada), y pensar seriamente que hoy, el lugar menos fungible y más seguro es el país donde se generó, y comience a ponerla en un circuito de producción de valor real, generando empleo, inversiones y consumo, fortaleciendo el tejido social. Si no lo hace, nada cambiará para el país, porque desde que tenemos conocimiento -como clase social o grupo, casi nunca lo hizo-, pero algo sí cambiará para ellos porque, de ser ricos virtuales, pasarán a ser pobres reales. Verán impotentes cómo los ahorros acumulados, que creían que los salvarían para siempre a través de una renta vitalicia, se les escurrirá entre los bancos, las acciones y los bonos extranjeros. Si es así, no tienen ni idea de lo que se les viene. Si extraditan esos capitales dentro de las nuevas normas legales sería una inyección de crédito nacional equivalente al total de nuestra deuda externa y el país estaría más fuerte para enfrentar el golpe al iceberg. Permítanme la ingenuidad del poeta, no la frialdad del economista, que todavía veía en el árbol seco, a orillas del Duero, el renacer de una pequeña hoja en primavera (Antonio Machado).
Llegó la época de un 2001 internacional. Nuestro país dio la vuelta y algunas lecciones tiene para mostrar. Los cacerolazos en Islandia no son casuales. La desesperación de los londinenses frente a la puerta de los bancos no es flema. El abrupto crecimiento de la desocupación en España no es una corrida de toros. La pérdida de millones de ahorros y trabajo en EE.UU. se asemeja al comienzo de la Gran Depresión de 1929. Y así en la mayor parte del mundo. Con la diferencia que ese mundo todavía no aceptó el “cambio de época” y parece seguir empecinado en las recetas liberales, con más o menos intervención del Estado. Mientras se siga creyendo que se trata de una reformulación del mismo sistema, la crisis financiera-económica desatada, y también ecológica-biológica, social y geopolítica se profundizará globalmente en términos indecibles. ¡Dios, la responsabilidad de los gobernantes, y la inteligencia de los pueblos nos guarden de esta!
Jorge L. Borges, Las ruinas circulares
“Hoy ya no me queda nada; ni un refugio… ¡Estoy tan pobre!
Solamente vine a verte pa’ dejarte mi perdón…”
Armando J Tagini, La Gayola, grabada por Gardel en 1927.
Varios cagatintas hoy repiten que el único refugio ante el más grande colapso del sistema financiero capitalista sigue siendo el dólar, hasta que, como en el cuento de Borges, termine comprendiéndose, con terror, que este billete es sólo una mera apariencia de lo que quiso ser, o como dice el tango gardeliano de la precrisis de 1929, huya, paradójicamente, hacia sí mismo, al refugio de los que ya no tienen refugio.
Miles de personas, creyendo que estamos en la época de las cíclicas devaluaciones del peso argentino ante el dólar -y malos reflejos mediante-, inducidos por los grandes medios de in-comunicación y desinformación, corren con cierta premura a refugiarse locamente en la moneda que ha devorado y devora al mundo de hoy. Quedó muy grabado en la memoria popular aquella falsa desmentida del ministro de Economía de la última dictadura, Lorenzo Sigaut, en 1981, cuando dijo “el que apuesta al dólar pierde”, y a los tres días estaba devaluando 35% la moneda nacional.
Si hay algo que dejará el choque contra este iceberg financiero-económico internacional (¡Jacques Attali, asesor del gobierno de François Mitterand, lo advertía en 1981!), con epicentro en EE.UU. y rápidamente propagado a Europa y Japón, es que el dólar dejará de ser la moneda reserva de valor mundial, en un proceso que no podemos aventurar si será de meses, un par de años o algunos años. ¿Por qué? Porque se soñó a sí mismo, creyendo que a partir de sus pesadillas imperiales podía multiplicar a su imagen y semejanza los hombres, los mundos y las sociedades. Porque fue tanta la riqueza que devoró para alimentarse, y tanta la pobreza que multiplicó por el planeta -inversamente a la multiplicación de los panes que repartió Cristo- que lo único que le queda es el espejo de la nada, una vacía referencia de valor, un agujero negro que ni siquiera la ciencia de los economistas puede calcular. (Véase nuestro artículo “El Amor en los Tiempos del Petróleo, ¿Quién Ama a Wall Street?”, marzo de 2008, en Los Indios Kilmes y El Suri, publicado poco antes del estallido financiero mundial).
Burbujas y tormentas perfectas. ¿Quién es el malo del barrio?
Hace tiempo hubo “burbujas” de valores inmobiliarios (Japón, sudeste asiático, España), que inflaron a valores irreales los precios de viviendas, oficinas y locales. Hubo “burbujas” de valores de commodities (cereales, oleaginosas, productos sin valor agregado), alimentos e hidrocarburos, que hiceron inaccesible para los pueblos elementos de vida cotidiana esenciales. También hubo “burbujas” de valores de acciones de bolsas, que elevaron a precios fabulosos empresas de papel, tecnológicas, informáticas, financieras. Y ahora, con todo ello, se está formando la “tormenta perfecta”, la “burbuja” de la emisión de bonos dolarizados del Tesoro de los EE.UU. para cubrir el inmenso déficit generado (consumo y despilfarro), durante décadas, el llamado “plan de rescate” de bancos y empresas. Crecimiento exponencial del endeudamiento norteamericano (también europeo) ante el mundo. El que emite sin respaldo real a la larga juega contra la credibilidad y sustentación de su propia moneda. Ya sabemos acerca de esto en la Argentina.
Ningún cagatintas de los grandes medios de in-comunicación y des-información tiene la honestidad intelectual -o la suspicacia, al menos-, de preguntarse o aclarar dónde fue a parar la pérdida de tan inmensa riqueza, a qué Estado Nacional, a manos de quién o de qué grupos. Porque -como en la ley de la física escolar de Lavoisier-, nada se pierde, todo se transforma. Uno solo, oscuro personaje, Bernard Maddof, estafó a grandes inversionistas -algunos argentinos-, en apenas cincuenta mil millones de dólares. ¿Y dónde fueron las oscuras golondrinas verdes otros nidos a poblar? Se está hablando de una pérdida (estafa planetaria), un agujero negro, de once billones (millones de millones) de dólares. Véase el artículo del valiente e informado periodista Raúl Dellatorre, en Página 12 del sábado 7 de febrero de 2009 (“La madre de todas las burbujas”).
Suramérica recibe y recibirá un ataque en toda la línea. A veces desde dentro: Alan García, Presidente del Perú, acaba de pedir, junto con el despedido Bush, que nos neguemos a cualquier “proteccionismo” en los flujos comerciales (que los países pobres vuelvan a abrir sus fronteras indiscriminadamente), para que la crisis de los poderosos la terminen pagando los más débiles en las relaciones de intercambio. No sería muy impropio pensar que una parte del estallido de la crisis está diseñado, con cierta inteligencia supranacional, además de lo indudablemente objetivo, para detener el crecimiento de Suramérica y la constitución de su unidad continental.
Alberto Padilla, comentarista financiero de la CNN dice, por ejemplo, en un caso de cinismo impagable, que se cierne la “tormenta perfecta” sobre Venezuela (caída internacional del precio del petróleo y el 40% de caída de las exportaciones del oro negro a EE.UU.). Véase las analogías de augurios posibles que surgen para la Argentina, Chile o Brasil. Con ello, concluye el des-informador, el in-comunicador, que Venezuela no tendría “caja” para sostener su revolución bolivariana. Y, por casa, ¿cómo andamos, Padilla? El Presidente Hugo Chávez acaba de decir que aun con un precio del barril del petróleo a u$s 0, no se detendrían ninguno de los programas sociales previstos para varios años, cuando en EE.UU. ya hubo un millón y medio de desocupados en el último trimestre.
Si, pongamos por caso, el malo del barrio todavía conserva cierta credibilidad basada en la aplicación de presiones -cuando no, del terror-, por sus andanzas pasadas, y dice que quiere pagar (enjuagar) todas las deudas y entuertos emitiendo miles de millones (billones) de dólares (en títulos o en papel moneda), con la maquinita que tiene en el gallinero, y el barrio todavía le sigue recibiendo esos “valores” emitidos por él (es decir, financiando con trabajo su holgazanería e improductividad: gastos en armamentos, lujos, timbas), entonces que algún sabio economista desmienta si en algún momento eso no se caerá a pedazos, produciendo la miseria masiva de todos aquellos que, por miedo o negligencia, a modo de refugio, los acumularon de “buena fe”. De la posibilidad que el malo del barrio pueda seguir descargando su malicia en el vecindario, y que este la siga aceptando, depende la subsistencia de este sistema perverso. Cada vez se le hace más difícil, y el dólar está iniciando su decadencia. Por lo pronto, la Argentina pasó a acumular de 0,3 toneladas de oro en 2003 a 54,7 toneladas de oro en 2008, constituyendo el 3,3% de sus reservas totales. En el mundo crecen las reservas en oro físico.
Las monedas nacionales versus dólar. El combate de las Naciones contra el Imperio
Lo que estamos viviendo es la conmoción de todas las monedas del mundo (bolsas, acciones de empresas, bancos, reservas de bancos centrales), dado que papá dólar se está muriendo de enfermedad terminal. Esas monedas nacionales, por el momento, siguen sin encontrar otro refugio seguro, o valor de referencia internacional, y se deprecian forzosamente, al son de la última apreciación del dólar que sobreactúa contra la estabilidad monetaria de todas ellas. Algunos hasta tienen la desfachatez de decir que es una vez más una demostración de la solidez del capitalismo y la globalización.
Cuando el refugio sigue siendo el dólar se nos impele a que lo sigamos financiando. Entonces, el gobierno norteamericano sigue emitiendo billetes o bonos, inconmensurablemente, para financiar su cada vez más patético y horroroso vacío de valor real, su consumo e inversiones sin contrapartida en producción. Todos los países estudian medidas para poder exportar a todos, y todos estudian medidas para protegerse de las importaciones, al mismo tiempo, ecuación de difícil resolución positiva. Más aun, cuando todo el comercio internacional sigue siendo regulado por el dólar (en menor medida, por el Euro), moneda que baila en el vacío o en la nebulosa de su verdadero valor.
Esto resulta un brete de magnitud incalculable para el mundo. Pues, de la depreciación de la moneda propia contra el dólar, se sale exportando y protegiendo la propia cadena de generación de valor nacional, o desarrollando el consumo interno, o ambas cosas. Pero, cuando del otro lado de la cadena comercial, están haciendo lo mismo desesperadamente, los choques de fuerzas serán inevitables, y nos podremos encontrar ante un choque total de naciones, bloques o continentes, si no se construye un nuevo sistema de cooperación internacional. De lo contrario, los gobiernos saben que de la conmoción de las monedas que no puedan emerger de esta debacle, se pasará a las conmociones sociales por caída del consumo y desempleo masivo, al descontrol político de las naciones, a la caída brutal de las instituciones, tal vez a un caos mundial. Pero ¿cuál es la efectividad, si todos hacen lo mismo, pensando contra el otro y no en un sistema de cooperación y solidaridad? Si los grandes tenedores de bonos del Tesoro de los EE.UU. y de dólares (Japón y China), o de otros grandes bancos centrales, salieran al mercado a vender esas tenencias, por desconfianza ante la falta de realización de efectivo para cubrir las necesidades internas de sus propias monedas, se provocaría una corrida planetaria contra el dólar, valor que se pincharía como una pompa de jabón, la madre de todas las burbujas. La apuesta al dólar de cientos de miles, millones de personas, empresas y naciones será la más grande catástrofe y estafa del ahorro nacional.
El imperio anglo-norteamericano, y no sólo, está desesperado para que los países de Suramérica pierdan sus superávit fiscales y comerciales, y vuelvan a endeudarse, compren crédito en dólares. El conflicto con las patronales del campo en la Argentina, y gran parte de la arremetida de una oposición política, ciega y anacrónica, que se le une vergonzosamente, más la campaña orquestada por los grandes medios de in-comunicación y des-información, se encuentra en consonancia con los propósitos antinacionales de las embajadas de EE.UU., Inglaterra y otras: desfinanciar al Estado, y volver a someterlo a las reglas del “libre” mercado de las empresas trasnacionales, y sus servidores internos, para descargar la crisis que ellos provocaron en el corazón de los pueblos del mundo. A Eduardo Buzzi le podríamos cantar: “todo es mentira, mentira es el lamento, hoy está sóoolo mi corazóon”, y esa es la cruel verdad de los propósitos vergonzantes de una variada y extremadamente ciega oposición, la mentira de fondo tamizada por la utilería de algunas verdades. Pero la cuestión no es Buzzi, sino el progresismo liberal en la Argentina, que lo buscó y busca como aliado y, como siempre, sigue siéndoles funcional y aliado a la oligarquía y a los intereses antinacionales, desde la aparición del Coronel Perón en la Secretaría de Trabajo, allá por 1943. ¿Qué es la patria? ¿Quién es la patria?
La mesa de desenlace
Si cada país de nuestro continente cree que puede salvarse por sí solo estará liquidado. Urge, por ello, la integración comercial de cadenas de valor por complementariedad (te vendo lo que tengo y te compro lo que no tengo), mediante un sistema que tendrá mucho que ver con establecer otra referencia de valor que no sea el dólar. Dificilísima tarea porque algunos países están más “globalizados” que otros, conectados con distinta intensidad en otros mercados internacionales (no es lo mismo Brasil que Paraguay, y Argentina que Ecuador). Pero entendemos que la tarea deberá ser, a revienta caballos, de supervivencia, con líderes unificantes.
La élite económico-financiera -una particular Mesa de Enlace reducida- que gobierna el mundo por encima de Bush, Obama o Putin, sabía de estos resultados: preparó y desencadenó este monstruo que arrasa riquezas por varios lados (desempleo, ahorros, producción), al mismo tiempo que las concentra en pocos. No nos sorprende del todo, aunque no deja de ser una asombrosa torsión de la cola del animal que se va cerrando sobre los pueblos. Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que de ese pequeño lugar, donde el gran capital resuma codicia y avaricia, no están preocupados; están eufóricos por haber llegado a este punto, buscado tal vez desde hace siglos. Los voraces saqueadores de riquezas están atentos para que el desmadre provocado por ellos mismos quede dentro de sus cálculos. Se ríen de los pueblos, se burlan de los gobiernos nacionales, y hasta serían capaces de entregar a Bush a un tribunal internacional por crímenes de lesa humanidad, si eso sirviera, una vez más, para ocultar los verdaderos poderes en las sombras; de entregar el dólar a la hoguera de las vanidades, y de hacer retroceder al propio EE.UU. al industrialismo de comienzos del siglo XX.
La mano en el bolsillo y en el corazón. Bicentenario y conciencia nacional
Ante la incertidumbre, entonces, acción orientada siempre hacia la defensa de los pueblos de este continente. Desde un punto de vista nacional hay que poner todos los ahorros, depósitos y riquezas acumuladas a generar más bienes, consumo vital, servicios, créditos, educación y cultura, bien distribuidas, dado que, a nuestro entender, hoy y cada vez con mayor agudeza, se planteará que no hay ni habrá moneda de referencia que fije un patrón de resguardo (refugio) de valor absoluto. No habrá crédito externo. Vivir con lo nuestro y ponerlo en acción. Máquina que no trabaja se oxida. Capital que no circula en el trabajo productivo se funde, ya no podrá revalorizarse en el circuito financiero. Obreros que no trabajan no generan consumo, fortaleza de tejido social, y cultura nacional. El ahorro de la Nación, los trabajadores, las clases medias, empresarios, por ejemplo: lo acumulado en las AFJP bien extinguidas debe ser canalizado como respaldo de obras que generen más valor, conserven lo ahorrado del trabajo y generen más trabajo (no inversiones en Wall Street, como estaban antes, que quedan embargadas al fin por un juez de EE.UU.). Unidad nacional por sobre las acciones de las naciones imperiales y de los grupos que se le ponen a su servicio, objetiva o subjetivamente. El bicentenario nos puede encontrar fundando una nueva Nación o hundiéndola en el fragor planteado por los inútiles y vergonzantes, o malignos, internos y externos, y por una situación internacional colmada de egoísmo y desesperación.
Los propietarios de cajas de seguridad, que están refugiados en monedas, debieran entender que, antes que se encuentren con humo verde el día que las vayan a abrir, es mejor invertirlas en bienes o acciones tangibles nacionales. La burguesía que vive en el país, y que alguna vez soñó que su cuenta corriente en el exterior le daba el refugio a su capital de lo usufructuado en la Argentina, para él y para sus futuras generaciones, debiera estar bastante preocupada ante la caída incesante de grandes y “seguros” bancos hacia donde giró la riqueza (casi siempre no declarada), y pensar seriamente que hoy, el lugar menos fungible y más seguro es el país donde se generó, y comience a ponerla en un circuito de producción de valor real, generando empleo, inversiones y consumo, fortaleciendo el tejido social. Si no lo hace, nada cambiará para el país, porque desde que tenemos conocimiento -como clase social o grupo, casi nunca lo hizo-, pero algo sí cambiará para ellos porque, de ser ricos virtuales, pasarán a ser pobres reales. Verán impotentes cómo los ahorros acumulados, que creían que los salvarían para siempre a través de una renta vitalicia, se les escurrirá entre los bancos, las acciones y los bonos extranjeros. Si es así, no tienen ni idea de lo que se les viene. Si extraditan esos capitales dentro de las nuevas normas legales sería una inyección de crédito nacional equivalente al total de nuestra deuda externa y el país estaría más fuerte para enfrentar el golpe al iceberg. Permítanme la ingenuidad del poeta, no la frialdad del economista, que todavía veía en el árbol seco, a orillas del Duero, el renacer de una pequeña hoja en primavera (Antonio Machado).
Llegó la época de un 2001 internacional. Nuestro país dio la vuelta y algunas lecciones tiene para mostrar. Los cacerolazos en Islandia no son casuales. La desesperación de los londinenses frente a la puerta de los bancos no es flema. El abrupto crecimiento de la desocupación en España no es una corrida de toros. La pérdida de millones de ahorros y trabajo en EE.UU. se asemeja al comienzo de la Gran Depresión de 1929. Y así en la mayor parte del mundo. Con la diferencia que ese mundo todavía no aceptó el “cambio de época” y parece seguir empecinado en las recetas liberales, con más o menos intervención del Estado. Mientras se siga creyendo que se trata de una reformulación del mismo sistema, la crisis financiera-económica desatada, y también ecológica-biológica, social y geopolítica se profundizará globalmente en términos indecibles. ¡Dios, la responsabilidad de los gobernantes, y la inteligencia de los pueblos nos guarden de esta!