jueves, 26 de noviembre de 2009

HISTORIA DEL FERROCARRIL PROVINCIAL

(Resumen de la exposición ofrecida en el Club Ferrocarril Provincial – San Francisco Solano, el 14.11.2009, en el “Ciclo Pasado y Presente de Nuestros Barrios”, auspiciado por la Secretaría de Cultura de la Nación)

Introducción:


Estamos parados sobre el curso mismo de las vías del viejo Ferrocarril Provincial de Buenos Aires. La imaginación nos lleva al sur profundo de la Argentina, allí donde los campos y el horizonte plano son su geografía. Agradezco al Club Ferrocarrilero de Solano por invitarme a participar de este Ciclo, ver a nuestro querido Ferrocarril en un contexto histórico amplio, hablar del ferrocarril de nuestra infancia, y felicito a sus autoridades por la valiosa labor que realizan en las áreas deportivas, sociales y culturales de su comunidad, de las cuales esta de hoy es apenas una muestra.

Se trata de un tren pampeano; no es solamente un tren ciudadano del conurbano, o de los límites sureños más alejados de la Capital Federal. Tiene una traza que recorrió durante gran parte del silo XX lo que se conoce como llanura pampeana. Con las particularidades de hacerlo de manera económica, humilde y que, si bien tuvo financiación extranjera para su construcción, nunca dejó de ser argentino (Provincial o Nacional) y fue pensado como una combinación entre el mercado externo y el mercado interno. Lo podríamos definir como un tren “gaucho”, criollo, creador de modestas poblaciones.

Este tren partía originalmente de la Ciudad de La Plata y llegaba a los límites jurisdiccionales de la Provincia de Buenos Aires, a escasos cientos de metros del límite con la Provincia de la Pampa, uniendo regiones distintas, creando y uniendo pueblos, o desarrollando poblaciones lejanas entre sí, impulsando la consolidación de nuevos polos económicos, acción que sin duda molestó y atemorizó a ciertos poderes extranjeros de aquel entonces, sobre todo al dominio de los ferrocarriles ingleses y sus agentes internos.

Desde los albores del siglo XX (1904) habían comenzado los estudios por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para concebir una red ferroviaria de trocha angosta (1 metro, contra 1,76 m de la trocha ancha y 1,43 de la trocha normal), de una sola vía, de bajo costo para su concreción, que además tendría por objetivo abaratar fletes de transportes de mercaderías frente a la competencia del ferrocarril dominado por los ingleses. Y ello, con su sola presencia, desde el interior profundo de la Provincia hacia el Puerto alternativo de La Plata, era un cambio de modelo interesante en el tendido diverso de las redes.

Recordemos que el primer ferrocarril argentino, el Ferrocarril del Oeste (1854) había dejado de ser argentino alrededor de 1890, para pasar a manos de capitales ingleses. Este Ferrocarril Provincial, en cambio, concebido en los entrañas mismas del poder político-económico provincial, en el Puerto La Plata-Ensenada, se enfrentaba objetivamente con el Puerto de Buenos Aires, puerta de entrada de la histórica colonización marítima inglesa que sufrimos –aunque ya desde antes-, con la federilización de ese territorio que pasó a ser la Capital Federal (en 1880). Enfrentaba también objetivamente el poder económico de los terratenientes agrícolas y ganaderos de la rica y húmeda llanura pampeana, aliados naturales de los poderes fácticos comerciales ingleses.

En 1907, todavía no terminada la primer década del siglo XX, y a 27 años de concentrarse como nunca el mercado externo a través del Puerto de Buenos Aires, junto con su rimbombante y reciente estrenada Capital, se promulga la ley Provincial que autorizaba la construcción del “Ferrocarril Provincial del Puerto La Plata al Meridiano V”, que fue su primer denominación. Dicha fundación no debe escaparse del análisis puesto que estaba inicialmente concebido desde la Ciudad de La Plata entendida como Puerto, y hacia el interior de La Pampa, con una mirada integrativa y para que no todo el comercio exterior pasara por Buenos Aires. Comienza a funcionar en 1912.

La Ciudad de La Plata y el Puerto Alternativo


La Ciudad de La Plata (un cuadrado de 5 Km. de lado) había sido planificada y fundada en 1882 (es decir, casi contemporánea a la creación de la Capital Federal). Este ferrocarril nace prácticamente a los treinta años de la fundación de la Capital de la Provincia de Buenos Aires, en 1912. La Plata pasaría a conformarse rápidamente en un complejo portuario-industrial, desde donde partirían buques de gran calado a partir de la zona de Punta Lara-Ensenada, en especial petroleros, pero también puerto de salida para empresas de envasado de carnes, molinos y textiles, y en menor medida equipos metalúrgicos. También la Ciudad pasó a ser el centro o sede administrativa de la Provincia, y con un gran desarrollo intelectual y cultural, asiento de importantes universidades. Todo ello se conformó en una objetiva competencia con la histórica Ciudad Puerto de Buenos Aires, la llamada “cabeza de Goliat”.

Sin duda, para abastecer a ese gran Puerto en expansión hacía falta un ferrocarril que lo integrara con el interior de la Provincia y lo abasteciera de insumos primarios esenciales, muy demandados en el mercado internacional. De allí su denominación inicial como “Ferrocarril Provincial del Puerto La Plata al Meridiano V”.

La Estación cabecera (La Plata) se asentó en los límites de uno de los lados sur de ese cuadrado, en las afueras de aquella ciudad, alejada ciertamente del puerto propiamente dicho, pero uno de sus ramales –ya exclusivamente comercial- salía desde allí y se internaba en el Puerto, siguiendo con lo que hoy se conoce como “circunvalación”. También tenía galpones de acopio y despacho propio de mercaderías.


¿Qué es el Meridiano V? Una geografía del horizonte


Lo del “Puerto La Plata”, en su denominación inicial, está suficientemente entendido. ¿Pero por qué Meridiano V? (que no debe confundirse con el nombre del barrio homónimo que está en los alrededores de la Estación La Plata). “Meridiano V” se conoce como la quinta franja artificial de las siete franjas que recorren imaginariamente nuestro país de Norte a Sur o de Sur a Norte, y que divide geográficamente la Provincia de Buenos Aires con la Provincia de La Pampa. Un Meridiano es una línea imaginaria artificial, longitudinal, que va entre los dos Polos del globo terrestre. El Meridiano O (creado por una Convención Internacional) es el que pasa por el observatorio de Greenwech en Londres (Inglaterra), y sirve para medir o establecer los distintos usos horarios de la tierra. Puede haber infinitos Meridianos, pero cada uno de ellos se mide en grados y minutos. El Meridiano V es el que pasa por el Grado 63, 23 minutos respecto al de Greenwech. Los usos horarios se toman cada 15 Grados de longitud. Se dividen en 360 Grados, que abarcan las 24 horas de la tierra, es decir, hay fijados por convención 15 Meridianos básicos, pero pueden ser infinitos.

La última Estación del Ferrocarril Provincial al Meridiano V era la Estación de Mira Pampa, muy cerca de este límite artificial. Habrá de observarse también especialmente este nombre, Mira Pampa, que designa de alguna manera el horizonte a recorrer hacia el Oeste, La Pampa propiamente dicha. Parafraseando su nombre, podríamos decir que se llega al territorio donde la pampa argentina se hace visible, se mira, se otea hacia el infinito, una de las características de la mirada india, gaucha y criolla, el del horizonte que se otea y nunca se alcanza plenamente con la mirada. Las ciudades inmediatas más importantes ya en la otra provincia son General Acha y Santa Rosa.


La financiación de la construcción por capitales franco-belgas. Un significado.

El contrato de construcción (1907) se realiza entre la Provincia de Buenos Aires y la Societé Anonime Franco-Argertine de travaux publics”, sociedad de capitales franco-belgas encabezada por Otto Bemberg y compuesta por los grupos Bemberg y Cía., Louis Dreyfus y Emili Erlanger y Cía. Este dato también es de importancia relevante por cuanto el dominio del resto de los ferrocarriles (sobre todo el ferrocarril del Oeste, que había sido el primer ferrocarril argentino a partir de 1854, como ya dijimos, pero que dejó de serlo a partir de 1890), estaba dominado o entregado a los capitales ingleses, cuyos costos y una traza para nada integrativa sino meramente extractiva de nuestros recursos básicos naturales, comenzaba a ahogar a la Provincia de Buenos Aires. Era Gobernador Marcelino Ugarte, y el Ministro de Obras Públicas el Ingeniero Ángel Etcheverry, La financiación del ferrocarril fue conseguida mediante la colocación de un préstamo externo, con la firma en París (Francia) de un Bono por parte del gobierno argentino, cuyo monto fue de 12 millones de pesos oro, a un interés del 4%, reembolsable a los 39 años, a contar desde 1913, un año después de su puesta en marcha. Luego se tuvo una ampliación del préstamo a 5 millones de pesos oro para proseguir las obras.

La Provincia recurre así al auxilio de capitales internacionales no ingleses, que tenían en Europa intereses objetivamente enfrentados con los capitales ingleses (Francia y Alemania, fundamentalmente). El ferrocarril del Oeste –que corría más al norte y contra el cual el Ferrocarril Provincial vendría a competir-, como otros (el Central Argentino, el Central Córdoba, bien analizado por Raúl Scalabrini Ortiz), habían contribuido, y seguían contribuyendo, al desarrollo de la Revolución Industrial inglesa, que necesitaba como el aire de un intenso flujo de materias primas provenientes de sus colonias o semicolonias (como era la Argentina a fines del siglo XIX). Operaba junto a su aliado el telégrafo.

Pero Francia y Alemania también ya estaban embarcados en ese proceso industrial y necesitaban también jugar su papel para abastecer sus propias necesidades. La Provincia de Buenos Aires, su poder político-económico y administrativo, y no el poder central de Buenos Aires, podían resultar sus aliados en este juego, y viceversa, dentro del viejo conflicto argentino Puerto/Campaña. Recordemos que el poder central, gravitante, que había tenido la Provincia de Buenos Aires durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, había sido totalmente desplazado por los porteños desde su derrota en Caseros (1852).

Habilitación de los ramales. La estrategia

Entre 1912 y 1914 se habilitan distintos tramos desde la Ciudad de La Plata hasta:

-Saladillo Norte (206 Km.).
Luego, a partir de 1927, y saliendo desde Carlos Belguerie (que fue un típico ejemplo de pueblo ferroviario hoy agonizante), los rieles llegaron a Azul (169 Km.).
El mismo año se habilita la línea de pasajeros La Plata-Avellaneda (50,9 Km.).
En la línea Beguerie/Azul, y desde la Estación Ariel se construyó un ramal a Olavarría (56 Km.), a partir de 1930. Y en la década del 50 se levantó un ramal industrial desde la Estación Teniente Miñana a Loma Negra (17 Km.), y otro desde Estación Teniente Miñana a Azul (30 Km.). Todas ellas ciudades agrícolas, ganaderas y de canteras de piedras y cemento. La Ciudad de Azul se localiza en el centro geográfico mismo de la Provincia.

-Blas Durañona (36 Km.).

-9 de julio (66 Km.) -en cuyas inmediaciones cruzaba la traza del Ferrocarril Buenos Aires (CGBA) y el Midland-, para dirigirse a Pedro Gamen desde donde un pequeño ramal se construyó a Pehuajó en 1930.

- Km. 440 (132 Km.)

-Y una última sección construida hasta Mira Pampa (113 Km.).

Su traza más troncal –que partía desde la Ciudad de La Plata-, llegaba entonces al límite provincial (al que le estaba prohibido traspasar porque no era un tren con habilitación nacional, debido a las fuertes presiones que ejercían los intereses de los ferrocarriles ingleses, que sí contaban con una red interprovincial). Su dirección principal era hacia el Oeste (compitiendo con el ferrocarril homónimo inglés), pero luego se concebía en cortes longitudinales importantes hacia otras ciudades, rompiendo el carácter de nervaduras que recorren solamente de la periferia al centro.

Los 300 Km. de La Plata a Azul se hacía en 5 horas 20 minutos con 14 paradas a un promedio de 64 Km. por hora. Los 400 Km. de La Plata a Pehuajó en 7 horas al mismo promedio de velocidad hora.

El tren de Avellaneda (7.A.M.) a Carlos Beguerie tardaba 10 horas, a 9 de julio 13 horas, a Pedro Gamen 14,30 hs (21.30 hs PM). Allí paraba. De Pedro Gamen a Mira Pampa podía estar llegando al mediodía o la tarde del otro día.


Así la empresa constructora entregó la línea al Oeste de la Provincia con 553 Km. con material rodante y equipamiento para 31 estaciones. El primer tren rodante circuló el 17 de marzo de 1912 (aunque había habido un comienzo simbólico en el puente de hierro sobre el Samborombón (100 km.) en 1910, con la participación del Gobernador Ignacio D. Yrigoyen. Es destacable que aun en la época de la primera guerra mundial (1914-18) se siguieron construyendo nuevas obras, y se inició la construcción con el empalme ferrocarril Midland (empalme Ingeniero De Madrid)

En principio el proyecto original también contemplaba la construcción de una línea hacia el Sur como complemento de la Oeste, que hubiera arrancado desde un punto del ramal Oeste entre Monte y Brandsen y alcanzaría la ciudad de Mar del Plata, con tres ramales complementarios. Se hace cargo de la explotación el Gobierno Provincial a través del Ministerio de Obras públicas.

Todo ello completaba una extensión total de ramales por 902,4 Km. Su punto más distante, en una línea recta imaginaria, desde la Ciudad de La Plata a Mira Pampa, alcanzaba los 600 Km. aproximadamente. Recorría verdaderos latifundios improductivos, en una época que la propiedad de la tierra estaba poco dividida, habitado a lo sumo por algunas estancias criollas. Tal vez la ciudad más importante que tocaba en su recorrido era 9 de Julio (atendida hace tiempo por el Ferrocarril del Oeste). Más tarde se fueron creando algunos pueblos con desarrollo incipiente en las estaciones Etcheverry, Loma Verde, Udaondo, Beguerie, Hirsh, Fortín Olavarría, Roosvelt y Mira Pampa, con un almacén de ramos generales que tal vez tenía cancha de bochas y cancha de pelota. Algunos muy viejos, en las últimas estaciones, todavía se conservan.


Ferrocarril Provincial de Buenos Aires. Su apogeo. Ventajas y desventajas

En 1924 significativamente cambió de nombre a “Ferrocarril Provincial de Buenos Aires”, excluyendo el nombre de los dos extremos de la línea (“Puerto La Plata” y “Meridiano V”, en el límite con La Pampa). Estimamos que esta decisión se debía a la intención de darle un carácter todavía más masivo e integrativo, no circunscripto a dos nombres cabeceras que podían limitarlo en su concepción más amplia.

La significatividad de la trocha angosta estaba dada por el menor costo de fletes y combustibles por tracción, a diferencia de los rieles de trocha ancha que podían llevar vagones amplios (tanto de pasajeros como de mercaderías o materias primas) y, controlados por los ingleses, eran mucho más caros. Su sola presencia pujaba contra los precios de los ferrocarriles de trocha ancha que corrían en corte paralelo o longitudinal, según las regiones.

La inversión requerida era menor dado que estaba proyectado como un tren de una sola vía, con estaciones intermedias de doble vía para el recambio (Carlos Beguerie y Gamen fueron dos de ellas, y lo serían más tarde las estaciones de Monte Chingolo, Gobernador Monteverde y San Francisco Solano). El único tramo de doble vía existió solamente entre las estaciones La Plata y Gambier (donde se instalan los talleres), de tres kilómetros de extensión. Pero además, por desarrollarse en una traza sin grandes accidentes geográficos, dentro de la extensión de la llanura pampeana, lo hacía más económico. En su apogeo, allá por la década del 40, llegó a tener 57 Estaciones, todas ellas separadas aproximadamente por 15 Km. entre sí.


Cuando el tren comenzó a funcionar lo hizo con 16 locomotoras tipo “Pacific” (máquinas de vapor todas), con 25 coches de pasajeros y 25 furgones de carga. Algunos coches eran coches cama, otros coches comedor. El sistema era de enganche automático que evitaba accidentes. Con la construcción de los últimos ramales se agregaron nuevos galpones de locomotoras en Avellaneda, Beguerie, Gamen, Azul y Olavaria, y un depósito de automotores Diesel en La Plata (máquinas que se incorporaron después).

En 1926 se autorizó al Poder Ejecutivo a invertir más fondos para la construcción de un nuevo ramal Azul-Bahía Blanca y de un punto de esta línea a Laprida (que no se hizo), y otro a Pehuajó (que se hizo). Luego se amplió la suma para construir ramales Olavaria- Bolívar y Nueve de Julio-Lincoln (que tampoco se hicieron).

Pero lo que fue al principio su ventaja (menor inversión, mejor costo de fletes y pasajes, más ductilidad), fue luego su desventaja, su decadencia (menor flujo de mercaderías y pasajeros transportados por viaje, más incomodidad, menor capacidad de transferir con la trocha ancha, más lentitud). Ello comenzó a visualizarse ya en la década del 60.


Estación La Plata-Avellaneda:


La Estación La Plata se termina de construir entre 1909/1910. Su proyectista fue el Ingeniero francés Enrique Dengremont. Estaba ubicada entre las calle 71 a 72 y de 13 a 22, ocupando una superficie total de aproximadamente 14 hectáreas. Se trata de un estilo arquitectónico, no bien definidamente francés (se le dice ecléctico francés). Su techo, ventanales y pórtico principal se parecen a lo lejos a la construcción de una mansión francesa, pero fijándonos luego en los detalles observaremos un trabajo no muy fino, como al descuido, a propósito, con la mínima inversión. No obstante, esto ya era mucho por cuanto rompía con la orientación de construir las estaciones más importantes de estilo típico inglés (obsérvese por ejemplo la actual Estación Quilmes del Ferrocarril General Roca).


En todo el país serán muy escasas las Estaciones construidas al estilo francés (tal vez la Estación de Navarro, de otra línea de Ferrocarril, es la excepción). Tiene interiores despojados, nada sobrecargados, una escalera con mármol de carrara que conduce a la Planta Alta, con pisos de madera, donde se distribuían, en un estilo burocrático, diversas oficinas enfrentadas a cada lado del pasillo único que la recorría. Conserva el detalle de una salamandra en Planta Alta.

En 1926 se habilita el ramal La Plata-Avellaneda para transporte de cargas. Y un año después, el 20.01.1927 se habilita el transporte de pasajeros. La otra gran Estación del Ferrocarril Provincial de Buenos Aires pasó a ser entonces Avellaneda. Habían pasado 17 años desde la inauguración de la Estación Cabecera. Ya había irrumpido en el país el primer movimiento popular de masas que fue el radicalismo, que le imprimió un sentido más nacional a la acción política, e inauguró la búsqueda de caminos propios de desarrollo. Había terminado la primera guerra mundial, y todavía el mundo no había entrado en la Gran Depresión de 1929. Entonces ello se va a ver reflejado también en el estilo arquitectónico utilizado en la construcción de la Estación Avellaneda, ya no de estilo afrancesado, sino colonial español, que es el estilo (a falta de un estilo definidamente propio), que más nos acercaba a nuestras tradicionales nacionales.

La Estación Avellaneda (hoy convertida en Museo Ferroviario) tiene rasgos de una sencillez bellísima. Con techos de tejas coloniales, se despoja del rectángulo clásico francés, para desarrollarse en líneas plásticas, curvas, con torres/campanarios y con entrada para coches de carruaje. Su interior acompaña también las líneas curvas del exterior, y las paredes se hallan ornamentadas con imitación de jarrones (también renacentistas). Se acompaña en su propio interior la confección unida a la construcción del Escudo Nacional (cosa que no ocurre en la Estación La Plata). Tiene un salón interno más amplio, más acogedor, y la salida a los andenes acompaña al pasajero con techos que lo protegen hasta subirse a los vagones.


Desde la Estación Avellaneda salía una conexión directa con el gran Mercado de Hacienda de Avellaneda (donde hoy funciona un Shopping.)

Las Estaciones de La Plata (considerada como Estación cabecera) a Avellaneda eran:
-Gambier
-Sarratea
-Gorina
-A. Seguí.
-Montaraz-
-Monteverde.
-Monte Chingolo.
-Fernández.

El tren no paraba en San Francisco Solano, que no existió sino a partir de 1949.
En un Plano del agrimensor que trabajó la subdivisión de fracciones de campo de la vieja Chacra San Francisco, luego Estancia de Obligado, para posterior loteo, 10 años antes (1939), aparece diseñada la futura Estación con el nombre de km. 46,3 – “6 de setiembre”. En rigor la Estación nunca se llamó San Francisco Solano –tampoco “6 de setiembre”, sino km. 46,300 que era la distancia con la estación cabecera de La Plata.

¿Cómo era Solano en 1949? ¿Y cómo era el tren que yo conocí?

Esto ya lo hemos explicado en mi libro “San Francisco Solano: una historia para contar -1580/1993”. Pero podríamos destacar ahora que la Estación del tren en el lugar pasó a ser un apeadero, al principio muy similar a la casucha de material instalada después en la Parada Pasco (que todavía se mantiene).

Se ubicó geográficamente en el punto más alto, a partir de lo cual, como la topografía descendía hacia el Arroyo Las Piedras, los ingenieros tuvieron que levantar terraplenes, creando canales y lagunas artificiales. Algunas aventuras relacionado con ello cuento en mi libro “Luciérnagas de Solano” (no editado).

Solano era en 1949 un campo de alfalfares y tambos, pastos y gramíneas, con zonas muy inundables, y algunos ganados dispersos. Ya existía la Avda Monteverde y la Estación Claypole del Ferrocarril Roca, pero no la Avenida 844. Más allá el Camino Gral. Belgrano y la Avda. Pasco.


La relación del tren con las vacas y caballares sueltos fue motivo de accidentes, al principio, por todo su recorrido. Los accidentes con los animales, y también con el transporte, en Avenida Monteverde, eran habituales (hasta que se puso una casilla con guarda).

El humo negro, y el humo blanco, de las locomotoras de vapor a barras transversales, bañaba los campos de Solano, ennegrecía las sábanas, curaba los catarros y resfriados. Sobre el cruce del tren con el Arroyo Las Piedras el llamado “puente negro” era el mítico límite sur solanense del tren, a partir del cual se enfilaba hacia Florencio Varela, y Estación Gobernador Monteverde.


Sus vagones, completamente de madera, se bamboleaban en el momento de su andar máximo (por ejemplo las rectas de Pasco a Solano, o de Solano a Monteverde) y parecían desarmarse como una caja de zapatos que pierde sus lengüetas. Tenía vagones de primera (de colchón) y de segunda (de madera), y el furgón de bicicletas.

No había mangas para pasarse de un vagón a otro, sino pasarelas de hierro. Había que saltar de un estribo al otro, cuidadosa y decididamente. Era peligroso. Fue fundamentalmente transporte de obreros del conurbano naciente en la década del cincuenta y sesenta hacia las ciudades más industriales como Avellaneda. Los vagones de carga tenían una casilla del guarda al final de la larga formación.

La Estación de Solano era una de las pocas que tenía doble hilera de vías para el recambio de trenes en direcciones opuestas.


Últimos cambios


El 31.12.1951 el Ferrocarril Provincial es transferido a la Nación, quedando bajo la órbita de la Empresa Nacional de Transportes. Podría considerarse como una pérdida de poder del Gobierno Provincial ante el Estado Nacional, pero de todas maneras hay que tener en cuenta el fuerte proceso nacionalizador vivido en dicha época. Estaba a cargo el Gobernador Domingo Mercante. Y aquello que en 1912 podía ser un desafío al Estado Nacional comprado por los agentes ingleses, pasaba a ser ahora un nuevo acto de reparación histórica general.

En 1953 se incorpora al Ferrocarril Gral. Belgrano, de carácter nacional.

En 1954 se crea el Ferrocarril Nacional Provincia de Buenos Aires (FNPBA) integrado por el Ferrocarril Provincial, la Compañía General y el Midland y, finalmente, en 1957, otra vez, pasa al Ferrocarril General Belgrano, y a su lenta agonía, dado que el Estado Nacional pasaría por un proceso de inacción y/o destrucción de las redes ferroviarias nacionales.

En 1961 se clausura la línea Etchverry y Mira Pampa, y Carlos Beguerie hasta Azul y Olavaria, con sus respectivos ramales, dentro del llamado Plan Larkin del Gobierno de Frondizi, de racionalización del transporte del país, aunque hubo posteriores intentos de rehabilitación. Dejaba de ser un tren pampeano. Solano ya tenía un fuerte desarrollo poblacional, con gran componente social inmigratorio del interior y del exterior.

En 1969 se construía un enlace entre el Midland, el Provincial y el Puerto de Buenos Aires, uniendo intercambio Midland con Avellaneda por el Mercado de Hacienda y desde Empalme Ribera a Retiro. De ese modo ingresaban los trenes cerealeros del Roca a Sasetru, y los del Midland a Molinos Ríos de La Plata, y trenes con leña procedentes del Norte que pasando por Retiro llegaban a estaciones del Provincial.

En 1974 se levanta la línea entre Carlos Beguerie y Mira Pampa, y en julio de 1977 se clausura el ramal de pasajeros Avellaneda-La Plata. La dictadura brindó fuertemente su apoyo al transporte automotor privado, y a la construcción de autopistas y caminos. En eso seguimos todavía. El ferrocarril siguió con alguna actividad entre Avellaneda y Monteverde dos veces por semana y en otras ocasiones una sola vez por mes.

Se siguió posteriormente hablando, y promocionando, su rehabilitación o transformación de su traza en una autopista, pero nada de eso llegó a concretarse hasta el momento. En algún momento, en alguna otra época histórica, nos tocará a nosotros, o a otra generación, observar el renacimiento de alguna actividad sobre este viejo trazado, en la forma que fuere. No creo que esta nervadura por donde recorrió la sabia de un pueblo, de una Nación, de un destino de época, pueda fácilmente hundirse en el olvido. Está allí, esperando un llamado para volver a aparecer entre los pastos, las vías hundidas o tapadas, las estaciones vegetales, entre los árboles añosos de sus alrededores, el fantasma de sus nuevos hombres.

miércoles, 19 de agosto de 2009

LA FILOSOFIA PAPELERA DE MASSUH Y EL PERONISMO

Cómo sentimos a la Argentina?

Héctor Massuh supo ser el Presidente de la Industrial Industrial Argentina (UIA) durante el menemismo, y uno de los mal llamados “Capitanes de la Industria” (porque la llevaron a su peor época de destrucción). Fue también el último dueño de Papelera Massuh SA -que comenzó a funcionar en 1957-, desde ahora administrada por el Estado Nacional, y supervisada con la activa participación del Intendente de Quilmes, Francisco Gutiérrez, y sus trabajadores. La fábrica, fundada en los albores militares de la sangrienta “Revolución Libertadora”, se instaló en la periferia de San Francisco Solano, pueblo que había nacido algunos años antes (1949). El Arroyo Las Piedras le sirvió inicialmente de desagüe a sus efluentes, y sus chimeneas –como en Fray Bentos, Uruguay- algunos días arrojan el característico olor a huevo podrido de una papelera. Mano de obra nunca le faltó; tampoco terribles accidentes laborales. Y algunos de sus obreros después del golpe militar de 1976 siguen desaparecidos. La realidad periférica de Solano se iría conformando con empresas como Cattorini Hermanos a la cabeza (1952), Massuh (1957), Deliflú, Sodibe, El Sol Petróleo, y otros pequeños talleres, un subpolo industrial en el extremo no ribereño de Quilmes.

Tal vez alguien recuerde aquella escena final de una de las películas de Duro de Matar, con Bruce Willis, cuando le coloca a su feroz enemigo, maniatado, una granada en la boca y lo deja a su suerte. Aquí, haciendo suyo aquello de “capitán” que huye sirve para otras aniquiladoras batallas, Héctor Massuh deja en el 2008 al garete, abandonada, la Planta de Solano y a 600 puestos de trabajo luego de medio siglo de existencia.

En cualquier sociedad solidaria esta situación debiera ser intolerable para cualquier argentino de bien. Sin embargo, la gran prensa in-comunicadora y des-informadora presentó el novedoso y trascendente salvataje gubernamental de la fábrica, con activa participación de nuestra Intendencia Municipal, como la única situación “intolerable”. ¿Cómo es posible que el Estado se involucre o articule con la actividad privada? Desde una postura de derecho absoluto dichos medios sostienen que cualquier patronal puede decidir el cierre, o abandono de su fábrica. Las consecuencias sociales de sus decisiones no entran en los principios de su sistema de contratación del trabajo humano. Unos cuántos políticos se hicieron los distraídos sobre algo que debiera ser tomado como objetivo, o problema nacional de magnitud, compartido y éticamente sostenido por todos, sin especulaciones. Pues se trata de salvar a familias trabajadoras, el tejido social, y la dignidad argentina.

La gran prensa no dice que el endeudamiento moroso –su verdadera granada en la boca- que Massuh SA contrajo, lo es por créditos otorgados por bancos estatales (Provincia y Nación), y por inversiones provenientes de fondos jubilatorios (ex AFJP), y por el vaciamiento de insumos y materias primas organizado por sus dueños. Ello la hace más pasible de esta solución urgente, impulsada desde el Estado, manteniendo las fuentes de trabajo y, en definitiva, el mercado interno y la actividad productiva nacional. La realidad es que “esa” actividad privada ya estaba previamente mantenida con recursos públicos y estatales. El Estado Nacional pasa a pagar desde ahora un alquiler al dueño de la planta industrial por el usufructo de las maquinarias y las instalaciones, repone la marcha de la producción de bienes de interés masivo, mantiene las fuentes de trabajo, y con ello protege el tejido social y cultural de Quilmes y Solano. Y adquiere un nuevo nombre: Papelera Quilmes.

Massuh y Jauretche. Papel, ideología y verdad. La sombra de Facundo.

Pero hoy queremos detener la mirada en el primo de Héctor, Víctor Massuh (1924-2008), nacido en Tucumán. Hay una intricada e interesante relación entre este tipo de empresarios y la ideología que profesan, abanderados del liberalismo económico. Conocido como el “filósofo de la familia Massuh”, este hombre gastó bobinas de papel y pulpas de eucaliptos a través de diversas publicaciones, a lo largo de su vida.

Lo interesante para nosotros será que, Doctorado en Filosofía de la Universidad Nacional de Tucumán, Víctor Massuh escribe en octubre de1982, cómodamente, desde París, La Argentina como sentimiento (Editorial Sudamericana), donde hace un análisis de ciertas “realidades” nacionales que son aplicables a la fábrica, al contexto histórico en el que se levanta. Es decir, nos permite ver mejor cómo piensan estos empresarios a la Nación que los ha cobijado y enriquecido.

Nuestro país acababa de perder la Guerra de Malvinas a manos del imperio anglo norteamericano -heroica tragedia nuestra-, y a nuestro mentado filósofo no se le escapa ni una línea de su pluma franco-inglesa, para mal o para bien, sobre tan tremendo hecho contemporáneo de la argentinidad. Le pone a su librito un título tramposo y ganchero como pocos: no refiere al peronismo como un sentimiento, o alguna hinchada futbolera, popular y sentimentalera. Titiritero engañador, sustrae los verdaderos grandes temas nacionales utilizando sólo la cáscara. Leonardo Favio todavía le podrá dar cátedra con Perón: Sinfonía de un sentimiento (1999).

Formado en el mezquino carácter liberal, individualista (el populismo es la desmesura del pueblo convertido en multitud, dice), para el filósofo papelero, repasando nuestra actual situación, “no existe ningún mal argentino”, excepto la aparición del peronismo (1945-1955), al que acusa de ritualista, manipulador, liderado por un fervor religioso, un voluntarismo histórico y un caudillismo mesiánico; de haber removido el orden existente y haber extraviado la nacionalidad. Para él, sólo quienes se encuentren “arraigados” en las tradiciones del pasado (pre peronista), ya sean los “propietarios de la tierra” o quienes bajaron de los barcos y se diseminaron por el país, tendrán el hilo conductor que los lleve a captar a la Argentina como sentimiento.

En primer lugar vale recordar al maestro Arturo Jauretche cuando decía que el peronismo no es consecuencia de un líder caudillista, que propaga irracionalismo y demagogia, sino que Perón es el emergente de procesos históricos complejos, absolutamente explicables con cierto esfuerzo racional. Pero Massuh no puede ni imaginar estos procesos, menos comprenderlos, en sus abstractas elucubraciones desde París. Como buen liberal es un auténtico apátrida; la Nación le queda muy chica cuando la escupe con palabras. Si Tales de Mileto (s.VI a.C.) popularizó la imagen del filósofo que se caía al pozo de agua mientras caminaba inmerso en sus abstracciones, Víctor Massuh es la estampa del filósofo que ahoga en el aljibe los grandes temas mientras quiere seguir de a pie, como si no se hubiera tropezado con nada.

Es poco sabido que la emblemática fábrica solanense, y algunas otras del grupo (en San Justo, y en la Provincia de San Luis –Della Penna, orientada a la producción de papelería escolar y de oficina, y proveedor de resmas de papel al Ministerio de Educación y la Anses-), sirvió de sustento a la usina ideológica del liberalismo argentino. Filosofastro de muy pocos petates, este hombre fue embajador argentino ante la UNESCO durante la dictadura militar, y no nos estaríamos ocupando demasiado de él si no fuera por esta relación entre fábrica/Solano/nacimiento del peronismo/proceso histórico nacional e ideología, y las sombras temibles que esta nueva realidad representa como cuando Sarmiento, en Facundo, comienza a evocar la sombra maldita del caudillo riojano. Su explicación distorsionada del origen y proceso del peronismo también es una explicación ideológica, también una justificación, racista, y sesgada, del origen y proceso de la fábrica papelera de su familia y del nacimiento mismo de un pueblo como San Francisco Solano, como tantos otros, que están subterráneos a dicha distorsión. Veamos.


Los mitos de Massuh. Las tradiciones del peronismo. ¿Quién es la Nación?

De todas las paparruchadas que contiene el libro mencionado hay una que nos sirve de perla para tomarla, entre las piedras del charco, con los dientes,. Dice: Millones de argentinos vivieron sin raíces en la propia patria. Vieron cortado el vínculo con el paisaje rural y tuvieron que vivir una adaptación forzada al medio ciudadano. En los alrededores de Buenos Aires, desprendidos del campo pero sin pertenecer del todo a la ciudad, en esa tierra de nadie donde el asfalto termina, se agruparon para enfrentar el desarraigo; apenas atenuado por la voz de un general carismático que ellos escucharon con el simple agradecimiento de quien se siente protegido (pág. 74). Entonces, este no tener “raíces en la tierra, ni en la tradición, la lengua o el paisaje” anterior llevó a esta masa -que se habría hecho peronista por una vacío existencial de origen-, a la infidelidad con el pasado, a un carácter anti argentino y a una “conducta” negativa.

Sin embargo, podemos decir, muy sucinta pero no excluyentemente de otros elementos, que el peronismo arraiga en varias tradiciones (no nace “ex nihilo” como gustan decir los “filósofos”, de la nada), algunas más viejas que otras, y todas pueden resumirse y patentizarse en el nacimiento y desarrollo de un pueblo como San Francisco Solano, lugar donde la fábrica de la familia Massuh trasciende a la comunidad nacional. Por ejemplo:

Nace en el gaucho martin fierrista (1833-1852): aquel desprovisto de todo excepto de la china, los hijos, un pequeño rancho y gran dominio de las tareas camperas con el ganado vacuno y caballar, que huye hacia la frontera del indio cuando le quieren imponer un modelo de desarrollo industrialista europeo, reemplazando a la población autóctona por la europea, al caudillo por el porteño ilustrado, al tiempo lento y libre de la llanura pampeana por la leva militar, hasta que venga un criollo a esta tierra a mandar (el General Perón). Tal vez ese gaucho histórico de José Hernández, y los variopintos caudillos federales de Provincia habían desaparecido en 1945, cuando nace el peronismo, pero no esta cosmovisión del gaucho perseguido por un mundo que desde el origen no es suyo, sino extranjero, que viene de afuera hacia adentro, poniéndolo en una posición defensiva pero con búsqueda integradora, superadora.

Nace en los valores del indio: bravío, desprovisto de los bienes económicos y culturales de la colonización, impermeable a la cultura oficial del imperio, sobre todo inglés, y desconfiada de los espejitos de colores del hombre “blanco”, como evocación del supuesto “salvaje” contra los “civilizados” (sin duda, no es casual que a los solanenses nos llamaran los indios de Solano, continuadores de los indios kilmes, por una línea muy sutil, predominantemente simbólica, harto despreciativa y humillante, que es preciso establecer, por cuanto en este concepto no se está aceptando la transculturalización que impone la cultura espiritual y material dominante.

Nace en los hijos, ya nacionalizados, de la segunda oleada inmigratoria: llegada a la argentina entre 1918-1939, de carácter mayoritariamente campesina y sumamente empobrecida, con poca experiencia de lucha política o sindical (al contrario de la que había venido en la primera oleada, 1870-1914), pero con gran afán por arraigarse a la nación y a sus valores. Que constituyeron una base ampliada de peones rurales. Y en los últimos escapados de la segunda guerra mundial (1939-1945). No es casual que a ellos se los llamara tanos brutos o gallegos ignorantes. Poco después algunos formarán la generación de comerciantes e industriales pequeños y medianos. La fiesta de las colectividades se celebra en Solano, y tiene una fuerza regional excepcional.

Nace en la clase obrera: urbana, ya robusta, pero sumergida en sus derechos, formada en el proceso industrialista de la década del 30 (no es casual que a estos se los llamara los descamisados), hombres ajenos a la corbata de la burocracia estatal reinante, y ligados a la fábrica, a la producción de bienes, no a la intermediación parasitaria o a la exportación primaria.

Nace en la migración interior y de países limítrofes: de la campaña a los centros urbanos, ya formados o en formación –como Solano-, producto de la distorsión capitalista campo/ciudad (no es casual que a estos se los llamara los cabecitas negras).


El Reloj de los Ingleses. El Peronismo y una Nueva Nación. Revisión de la historia.

De alguna manera con el peronismo nace una nueva Nación -que le molesta tanto a Massuh-, arraigado en estas tradiciones, en esta grandiosa, extraordinaria y nueva mezcla, sobre la cual los liberales no dejan de ser responsables y causantes (puesto que hicieron todo para destruir al gaucho; despojaron a saco las tierras indígenas; fomentaron las oleadas inmigratorias con la esperanza fallida de crear una nueva Europa –consagraron previamente para ello la Constitución Nacional de 1853-; distorsionaron el paisaje rural del mundo federal con las luces de neón de la ciudad-puerto, sus promesas de confort y trabajo mejor pago, y el fraccionamiento de grandes extensiones de tierras suburbanas para el gran negocio de sus ventas financiadas en cuotas). Es decir, manipularon la historia; exorcizaron los rituales de las espigas de trigo y las carnes vacunas; hicieron de los altos mandos militares, golpistas y depredadores, sus verdaderos caudillos modernos; e invocaron la pureza de la fe desde falsos altares para anular el fervor católico del pueblo argentino. Los liberales anti peronistas nos quisieron hacer creer que nunca tuvieron una conducta anti argentina; serán siempre los eternos “padres de la Patria”.

San Francisco Solano, que proveyó mano de obra a la papelera Massuh y a otras industrias locales, regionales, y de zona portuaria, conformaba en sus inicios ese típico poblador de un campo que ya dejaba de ser y una ciudad que todavía no era (véase Historia de San Francisco Solano: 1580/1993, Editorial el Monje, páginas 19-21, V.G.G). Sí, como dice Massuh. Pero, justamente, era el único poblador que podía tener por primera vez en la historia una pata en los dos mundos, sin sentirse repelido por su doble condición, sino integrado, campesino y obrero. La ciudad lo seguía amenazando como a Martín Fierro pero también lo llamaba para afincarse y educar a sus hijos; el campo lo expulsaba obligatoriamente a buscar nuevos horizontes en la ciudad pero hacia una zona que todavía era campo, y lo seguirá siendo por lo menos durante diez años desde su fundación (1949-1961), cuando la electricidad cambia el sol de noche y las velas por las bombitas de luz. La oligarquía terrateniente comenzaba rápidamente a desprenderse de grandes extensiones de tierras en el conurbano para lotearlas, que sirvieran de alojamiento (“dormitorio obrero”) a cientos de miles de nuevos pobladores.

Los “científicos” marxistas no pudieron comprender el fenómeno, obnubilados por categorías puras que, acá -concretamente en Solano y el país-, no se daban (desde hace mucho está dicho que El Palacio de Invierno de San Petersburgo en Rusia estaba muy lejos, y que sobre la Casa Rosada apenas había nevado una sola vez a comienzos del siglo XX). Pero los liberales también comprendieron menos (la República culta francesa, o la cúpula del Capitolio norteamericano, también estaban muy lejos para el gauchito, el cabecita negra, el indiecito, el tano, el gallego, y el obrero peronista). Lo más cercano a Inglaterra era la Torre de los Ingleses que la Reina nos regaló para el centenario.

El peronismo, a medida que construye el nuevo futuro nacional, también reconstruye el pasado del que viene, porque aparecen fuerzas que estaban dormidas en ese pasado, aquellas que perturban tanto al empresario filósofo, para quien la historia debiera permanecer inalterada.

El peronismo moviliza el lenguaje creando accesos a la educación primaria y secundaria de grandes masas, que ahora no pasará solamente por los principios alfabetizadores y civilizadores de la Ley 1420, sino por su ideologización política. Y a la universidad, de los sectores medios. El peronismo retorna a la mejor tradición de que el trabajo es fuente generadora de riqueza y ahorro. El peronismo arraiga en la conciencia de la defensa del patrimonio nacional sustentada en las fuertes empresas del Estado; por lo tanto, las raíces de la tierra no serán abstractas, sino imaginadas desde lo colectivo, y desde la creación de un espacio público de soberanía, no desde una propiedad demarcada por alambrados y tenencia de vacas y ovejas. El peronismo cambia los paisajes urbanos y, de alguna manera, los rurales, pero no destruyéndolos, sino congregándolos. Es el peronismo el que nos instala en una cierta modernidad tardía para la Argentina, y no la “europeización” de la generación de 1880, que solo nos instaló en la dependencia, alargó y profundizó la miseria. Es el peronismo el que por primera vez diseña objetivamente una dicotomía entre pueblo y oligarquía, empero sin lograr resolverla, historia y antihistoria. Es el peronismo el que más trabaja la marcha de la racionalidad histórica argentina en los comienzos de una globalización independiente, cuando las fuerzas más repugnantes de la irracionalidad sanguinaria, antipopular y antihistórica, se desatan con el derrocamiento de Perón en 1955, el líder mesiánico y protector, y quedan al desnudo, como lo que siempre fueron: irracionales, despóticas, antidemocráticas y antinacionales, produciendo los más profundos descalabros del paisaje nacional, que costará décadas revertir.

A veces, mirar con la lupa un bichito de la humedad bajo las piedras nos permite reconocer la totalidad del jardín en el que vive. Luego, tomado en la palma de la mano, tal vez empecemos a sentir la Argentina.
Víctor Gabriel Gullotta
Julio del 2009

EL HOMBRE COCINADO A FUEGO LENTO

Los “ ejes del Mal” – Azufres, diablos y diamantes

El controvertido escritor italiano, florentino, Giovanni Papini (1881-1956) escribió la historia de “GOG” (1931), un personaje bestial que ya no alberga en su corazón ninguna fibra de cristianismo, y encarna la posición del Mal Absoluto en el mundo.

Vale rescatar ahora el mensaje de este italiano punzante, empedernido. En esta época un desaforado emperador estadounidense también habla de un “eje del mal”, frase cargada con pólvora si la hay, que debe ser quebrado de la faz de la tierra. El GOG del Siglo XXI se materializa hoy en varios monstruos. Cuando aparecen estas formas del lenguaje en altos voceros de la política globalizada ya no podremos alegar inocencia, ni sostener indiferencia. Porque algo grosso se está gestando encima de nuestras cabezas. Y es aconsejable comenzar a leer los signos de los tiempos a partir de la rotación de ese eje.

El eje del Mal y del Bien regresa a plantearse una y otra vez en la historia. Cielo e Infierno. La mayoría de las veces como tragedia, algunas pocas como comedia. La vieja lucha central de la humanidad puesta en la boca de cow boys como Ronald Reagan (nos decía, “atacar al imperio del mal” acompasado con su sinfónica “Guerra de las Galaxias”). Más tarde le sucedieron en la misma prédica y lenguaje Margaret Tatcher, George Bush (padre), Bill Clinton, Tony Blair, y George Bush (hijo). Por supuesto, todos ellos se colocaron a sí mismos en el “eje del bien”. Para más, el Papa Benedicto XVI sentencia a la “Jihad” –Guerra Santa- como contraria a la moral y a la racionalidad de Dios cuando todavía están calientes los misiles y las bombas de fragmentación contra la población musulmana y de Oriente próximo.

Por otro lado, lo encontramos a Hugo Chávez respondiendo con la señal de la cruz y oliendo a azufre diabólico en la sede de las Naciones Unidas donde antes habían estado aquellos. Y al jeque Nasrallah proclamando la victoria divina en El Líbano. Demasiadas cargas de caballería y fuego cruzado para un pobre corazón latinoamericano.

La diferencia es que algunos saben muy bien de qué se trata, qué diamantes se ocultan detrás de ese lenguaje teñido por visiones religiosas, donde a cada rato se menta al maligno, o a Dios, cuáles son los ingredientes que se cuecen en la olla del mundo, y muchos de nosotros, en cambio, hombres de a pie, con recado de gaucho desensillado, todavía nos encontramos en la ceguera e ingenuidad totales.

De la batata a pistón y manivela

Pero volvamos a la historia de “Gog”, caricatura del Anticristo, fines del siglo XIX y principios del XX, bajo cuya piel se halla escondida el alma del diablo, el esqueleto del antropoide, el sentido cruel de lo primitivo que se ha sedimentado en el fondo de la cultura humana. ¿Dónde iba a buscar él los “ejes del mal”?

Vemos que en sus diversos viajes alrededor de la tierra GOG llega a los lugares más insólitos y logra visitar en su intimidad la vida de varios personajes deslumbrantes (Einstein, Freud, Edison, Lenin, Saint Germain). Realiza por ejemplo una visita a Detroit, la ciudad de los primeros automóviles, un 11 de mayo, y lo recibe el viejo Henry Ford, primer creador de la batata a pistón y manivela que hoy después de más de cien años ya se impulsa a velocímetro espacial. Lo encuentra fresco de aspecto y buen humor. Ford, al fin y al cabo es un hijo predilectísimo de la revolución industrial inglesa desembarcada en las costas del Atlántico, donde “civilizaron” los primeros colonizadores meta bala a las culturas indígenas del Oeste Norteamericano. Entonces, le explica a GOG que lo esencial no es desarrollar la industria de las cuatro ruedas, sino aplicar un vasto experimento intelectual y político que transformará como nunca la historia de la humanidad. Empero Ford se queja que todavía no se ha comprendido bien los ¨místicos¨ principios de su actividad: “fabricar sin ningún operario un número cada vez mayor de objetos que no cuesten casi nada”, reconociendo que será preciso todavía algunas decenas de años antes de conseguir este ideal: “la fábrica donde no habrá nunca nadie”. Las bases de donde el mal, lo maligno, se alimentará durante el siglo XX. Sacar al hombre del centro de su esencia, del trabajo como medio y objeto de vida. ¿Cuál es el verdadero eje de rotación de la vida humana acaso? Dirá el Príncipe Hamlet: “Ser o no ser…He ahí el dilema. ¿Qué es mejor para el alma, sufrir insultos de Fortuna, golpes, dardos, o levantarse en armas contra el océano del mal, y oponerse a él y que así cesen?”

Ford asume que se trata de instaurar la religión del movimiento sin reposo, de la producción sin límites, de la máquina libertadora y dominadora al mismo tiempo. Es el profeta del mundo del futuro. GOG dice que no olvidará esta visita a “un hombre tan profundo”.

¿El fin del trabajo humano?

La inmensa satisfacción de GOG por la entrevista a Ford, y la crítica mirada de nuestro Giovanni Papini, busca agudizarnos el sentido común. Veladamente, anuncia el inicio del fin de un modo de existir, de trastocar los ejes del mundo. Papini espera la respuesta humana que no llegará. Gog, sin embargo, reaparece, emerge entre las sombras del siglo XXI. El transcurso de más de un siglo de aquella entrevista ficticia nos muestra que las palabrejas de Don Ford han encarnado en la transformación constante de los espacios comunitarios y sociales. Verificamos que las intenciones profundas del modo de producción capitalista inauguradas por Ford allá en Detroit se han casi cumplido, aun con prácticas ya algo distintas al mismo fordismo. El destino del socialismo de cuna soviético, formado también al calor de la misma época fordista, con sus ansias de industrialización y competencias desde el Estado, no tuvo, como lo vemos ahora, un desarrollo diferente.

Lo verdaderamente significativo para tener en cuenta hoy es que los fundamentos de Ford los encontramos servidos y descriptos en bandeja de hierro por Jeremy Rifkin, ex asesor de Bill Clinton. Licenciado en Economía, Profesor y Doctor en varias Universities norteamericanas. Epígonos nunca faltan. Su libro, que va para la década, “El Fin del Trabajo: Nuevas Tecnologías contra puestos de trabajo, el Nacimiento de una Nueva Era”, merece una nueva interpelación o visita al estilo GOG. Pasaron más de cien años delante de nuestros ojos y no hemos advertido el lento pero constante declinar de la presencia de la fuerza productiva humana en el uso (y abuso) de los instrumentos del trabajo, junto con la calidad de la naturaleza/Tierra (que se convirtió de sagrada Pachamama en un ente cualquiera a ser explotado).

Del hacha de piedra arrojada por los primeros humanos para combatir al enemigo o cazar animales, hasta la supercomputadora de “2001 Odisea del Espacio” -que todo lo hace, prevé y controla-, pasaron miles de años. Sin embargo, ocultamos este actual declinar bajo el anestésico nombre de “progreso”. Cada vez más máquinas de todo tipo hacen funciones reservadas antes a los humanos (en el campo, en la industria, en los servicios, también en la vida cotidiana). Una máquina, un “avance” científico más, y menos hombres en el proceso de trabajo. Se alimenta con tecnologías a la diosa producción como si fueran vírgenes arrojadas al volcán para acallar la necesidad de su demanda, de su terrible furor. Todo perverso en sus fines: construir máquinas para aliviar el trabajo humano. Pero en sus resultados reales cada vez más corporizados: eliminar al trabajo humano, eliminar al hombre. Es aquí donde debemos comenzar a intuir por lo menos una preparación minuciosa de la historia que terminará de darnos el golpe mortal. El verdadero reinado del “diablo”, construido por máquinas que hasta tendrán la imitación de la risa para burlarse de nosotros. ¿Devorarán a sus propios, actuales, dueños? ¡Cómo volvería a sonreírse el siniestro GOG!

Es imprescindible reconocer que ya no se trata más de cambios cuantitativos (mayor velocidad, productividad, etc.), que podemos pesar como un kilo de zanahorias en el almacén de Don Chicho. Sino de algo grave, gravísimo. Está pasando en medio de la sociedad del confort y del todo a la mano. A tal punto que podríamos comenzar a hablar de la “extinción del trabajo humano” tal como lo conocimos desde siempre, de un cambio esencial en la historia de la humanidad respecto a cómo construir y elaborar bienes de consumo, y vivir nuestra vida como humanos Examinemos, por si quedan dudas, los productos visibles de tal progreso tecnológico-social: desocupación masiva mundial, hambrunas impresionantes, desequilibrios sociales, guerras civiles, honda soledad en medio del desarrollo de las tecnologías de la comunicación, deterioro mortal del ambiente, depredación de las fuentes energéticas, contaminación residual y acumulativa, robotización en la percepción sensible del mundo, destrucción de las formas históricas conocidas de familia, invasión absoluta de toda intimidad, consagración del panóptico (el gran ojo, El Gran Hermano) desacralización de toda naturaleza, investigaciones científicas que liberan la Caja de Pandora de la genética y la microbiología. Y dentro de quince años los expertos demográficos pronostican unos 1.500.000.000 más de habitantes netos sobre el planeta.

La máxima aspiración a alcanzar de todo empresario, de Ford hasta nuestros días fue siempre obtener la producción de bienes y servicios sin que el hombre –ese individuo enfermo, desganado, contestatario o saboteador- participe ya jamás en ningún proceso de trabajo. Pero donde el conjunto del proceso de producción le regrese la misma o superior ganancia que antes, cuando el trabajador, de carne y hueso, estaba a su disposición y comando. El buscado “maná del cielo” cae sin trabajar hecho realidad para unos pocos. Plusvalía acumulada en inversiones y capital circulante, una inmensa bola de nieve, que comienza a generar más plusvalía por sí misma –Marx la creía imposible sin trabajo humano concreto, pero también creía el reemplazo de hombres por máquinas como la “ultima metamorfosis del trabajo”-. Aunque esta bola tiene sus límites es la creación de un monstruo que ya no necesita alimentarse del músculo ni del cerebro de esos seres “inferiores” y disminuidos a la condición de cucarachas, alienígenos, “ajenos a la historia” (piénsese en los millones de las favelas de Río de Janeiro que se multiplican día a día, y de quienes el jefe narco Marcola definió como “extrañas anomalías de una nueva especie”, y en los Maras, de Centroamérica para abajo). Se trata de la extinción del trabajo humano en las formas históricamente conocidas, aparición de neo-humanos desconocidos hasta el presente, y destrucción de toda moral socialmente aceptable desde los albores del cristianismo.

El valor de las personas empieza a disminuir en relación a que el valor del producto de su trabajo tiende a ser cada vez más insignificante e irrelevante, en un mundo cada vez más automatizado. En la década del 80, la danza fragmentada y mecánica de Michel Jackson (Thriller) no era un alarde de gimnasia sino el anuncio que la robotización simbólica de los cuerpos estaba sucediendo insidiosamente. Hoy ya tenemos actores, músicos, jugadores y cantantes virtuales. Si los robots actúan en el plano físico, la virtualidad lo hace en el plano del espíritu y la conciencia.

Los tambores del futuro

La informática y la computación aplicadas al mundo del trabajo es la llave actual de dicho reino en gestación. Sin intervención del músculo ni de la inteligencia humana, sino gracias a las máquinas que ya tienen la fuerza suficiente (hardware), y capacidad para generar otras máquinas, y el cerebro superlativo (software) de todo, de cualquier hombre, comenzó el siglo XXI a batir sus siniestros y silenciosos tambores. La especie humana, esa ranita experimental al estilo Ford, se está calentando a fuego lento en una olla de agua que empezó siendo fría, y cuando hierva ya estará quieta y muerta de muerte infernal, sin haber sabido que un pequeño salto, al principio, la hubiera liberado de la cómoda olla. Señores: Rifkin nos anuncia una “Nueva Era”, y nosotros seguimos en casa tomando mate, discutiendo banalidades entre galletas y queso, sin advertir el alegre azote que nos caerá sobre la cabeza. ¿Tremendismo? No lo creo. Parece ser tan fuerte el control social, nos han estampado a yerra el proceso de globalización, que no vemos el jaque mate a menos de dos jugadas del final. Tal vez esté bien que sigamos como si nada; los profesores se equivocan a menudo, si eso nos tranquiliza. Es tan complejísimo el problema, que en la Nueva Ley de Educación, a tratarse próximamente en el Congreso Nacional, se postula la incorporación del alumno a las nuevas tecnologías informáticas para no quedarse atrás del mundo globalizado que viene (¿y cómo negarse a ello? o ¿por qué habría que negarse a ello?).

Lo que acontece implica cambios profundos y de largo alcance, a todos los niveles y rangos sociales. Emerge el reinado de otro eje, y viene con música de fanfarrias y vestidos de gala. Lo maligno, la enfermedad insidiosa, tiene encarnaciones reales, si queremos diagnosticar a tiempo. No vale decir que estos cambios son irreversibles, que son un “mal necesario”. Tampoco es suficiente decir que otro mundo es posible, pues hay que sentar las radicales bases filosóficas de cómo debe ser ese mundo, con qué, y por qué. Sin duda, los mejores valores religiosos tendrán que decir lo suyo, de manera auténtica, sin engaños, denunciando a fondo el peligro que subyace, profundamente, y pronto. Y los verdaderos Jefes de Estado tendrán que ponerse al frente del debate, educando a sus pueblos como se debe y con lo que se debe. De lo contrario, que alguien diga que no estamos en peligro, y si lo estamos, ¿cómo nos salvaremos?

Por Víctor Gabriel Gullotta
2007

MODERNIDAD Y "ULTRAVIOLENCIA"

PASADO Y ACTUALIDAD DE DOS PELICULAS: PARABOLA DEL BRASILEÑO MENEZES MASACRADO COMO UNA NARANJA POR EL SERVICIO SECRETO INGLES EN LA CIUDAD DE LONDRES.

¨LA NARANJA MECANICA¨.

Escrita por el narrador Antonhy Burgess, ¨La Naranja Mecánica¨ fue llevada al cine en 1968 por Stanley Kubrick (autor entre otras obras de ¨Odisea del Espacio 2001¨ –metáfora de un cerebro electrónico independiente de la voluntad del hombre, y ¨Nacido Para Matar¨ – película crítica sobre la guerra de Vietnam que llevó a los soldados norteamericanos a un estado de desesperación absoluto).

La Naranja Mecánica será el inicio de cientos de películas del género que los grandes productores ¨artísticos¨ comenzarán a inundar en las salas y videoclubes hasta nuestros días (ver, por ejemplo, ¨Trainspointing¨). Cuando se estrenó levantó polvaredas de asombro y comentarios en todos lados. ¿Sin embargo, a casi cuarenta años de su estreno, cuánto de aquella realidad narrada se instaló con extrema crudeza en nuestra vida cotidiana actual, sin sensibilización ni grandes sorpresas, como cine de anticipación, aun más, ya con estupefacta indiferencia? Hace un año moría acribillado un ciudadano brasileño en el subte londinense por el servicio secreto de la policía, sospechoso de portación de cuerpo, y ello nos hace rememorar ahora los acontecimientos que vamos a unir entre aquella película y la más reciente, ¨La Ciudad de Dios¨, testimonio del modo de vida de una favela en Río de Janeiro.

La película está ambientada en Londres (con Kubrick ya instalado en esa ciudad), y comienza con el rostro brutal de Alex que nos mira fijo, pestañas postizas. Alex y sus amigos Droogos –de quienes él es Amo y Líder- se sientan en el sofá del Korova Milk Bar, rodeado de maniquíes de mujeres desnudas en poses lesbianas, y bebe con ellos vasos de leche al parecer rociados con drogas para ponerse en forma y salir a ejercer en la calle la ¨ultraviolencia¨ como forma de vida. Lo hacen vestidos de blanco –signo de la pureza- pero con bastones y abultado sexo de goma espuma. En la democrática y avanzada Londres ejercen la intolerencia, sin temor al castigo ni sintiendo algún tipo de sufrimiento. La falta de sufrimiento por el dolor ajeno es la principal característica de este adolescente, abandonado a la suerte de sus fechorías nocturnas.

¨Ya no hay orden ni ley¨ - le dice a Alex el viejo borracho y alegre, cuando lo muelen a palos de beisbol. Ultraviolencia gratuita, edificante, cínica. El grupo utiliza un lenguaje en código interno. La escena en el teatro donde los drogoos se enfrentan a otra banda parecida, bajo la melodía escénica de música clásica, y en cámara lenta, es otro ejemplo que Kubrick nos brinda de su idea de la ¨ultraviolencia¨. Pelea y destrucción al borde de la muerte, absurdo ¨arte¨ del hombre moderno encerrado en sí mismo, sin valores, sin ánimo de trascendencia, puro regodeo del golpe que parte cabezas. Velocidad, vértigo, sentimiento excitante, uso animal de la sexualidad, ejercicio permanente de la violencia contra el otro, disfrute al borde del peligro de vida desde posiciones de poder contra el indefenso. Los drogoos, niños de clase media en el centro de Londres, vacíos de toda esperanza y sentido de pecado. Mientras los dueños del poder ríen silenciosos en las sombras, falsamente preocupados.

Pero no sólo el viejo borracho, hombre de los callejones, sin hogar, es la víctima. También lo son las criaturas excéntricas que el Londres moderno ha creado: un escritor afeminado en una sofisticada casa moderna, y al que, mientras le bailan ¨cantando bajo la lluvia¨ lo patean y le violan a su mujer; o el caso de una mujer sesentona, luciendo en su casa como gran objeto de arte un gigante pene con testículos, al fin el arma asesina de los muchachos. La representación en estos casos de una estética contemporánea, un ¨arte degenerado¨, encuentra un vengador irracional. Y nos pone en la incómoda tarea de analizar de qué lado estamos? ¿De las escamas superficiales de ese arte liviano, inservible, o del rebelde asesino que ataca bajo los efectos sublimes de la música de Beethoven?

Se puede decir que La Naranja Mecánica –prohibida su exhibición en cines durante un tiempo- es un viaje horripilante a través de un mundo de padres ausentes del cuidado de sus hijos, de grupos juveniles bandoleriles, asesinos y violadores, que odian a los viejos y a toda la podredumbre de la ciudad moderna. El protagonista –un adolescente que está bajo tutela de una Escuela de Corrección- es un predador sin conciencia. Pero también la contraparte, un sádico celador –representante del poder y del Estado- lo persigue y se encuentra al acecho de su esperada e inminente recaída.

¨Viddea bien¨ este ¨mundo cruel¨ dice a cada rato Alex. Hay que destruirlo. Su habitación tiene una escultura de cuatro Cristos bailarines, con sexos indisimulables, y puños en alto. Femenino y masculino. La hibridez como señal de una época. Insensibilidad por el dolor ajeno; protesta infantil por el dolor propio. Una sociedad que ha perdido sus instintos vitales más fuertes, para depositarlos solamente en la violencia física más despiadada (la ¨ultraviolencia¨).

Capturado después de una faena violenta y asesina –traicionado por sus propios droogos- Alex, de religión anglicana- es enjuiciado y condenado a 14 años de prisión. Después de dos años de encierro, y cuando sus lecturas de la Biblia lo hacían soñar fantasías lujuriosas en silencio interior – es elegido para llevar a cabo un nuevo tratamiento médico descubierto por el Ministerio del Interior inglés, que lo pueda devolver otra vez a las calles de Londres sin peligro. Las cárceles de criminales comunes están superpobladas y al Ministro le preocupan los prisioneros políticos que vendrán ahora –década del 70, el IRA Irlandés, la lucha por la paz mundial, etc.).

El nuevo tratamiento se llama Ludovico, y busca tornar la maldad en bondad, con métodos psicológicos conductistas y pavlovianos, por asociación. Obligado a ¨viddear películas¨ violentas durante varias horas, sin poder cerrar sus párpados, e inyectado por sustancias que le provocan una sensación de pánico y vómito frente a esas películas, el método regenerativo se basa en hacerlo sentir dolor o sufrimiento a la fuerza. Es extraño. Una sociedad intrínsecamente violenta como la inglesa –que ha infligido dolor por todo el mundo- desplegada en su propio espejo para llegar a una rápida curación. La idea es ¨hacerlo sentir mal de verdad¨, ¨no ¨dejarlo salir de la línea de fuego de la película¨. Sentado en la ¨silla de tortura¨, se le muestra la ¨ultraviolencia¨ del mundo haciéndole escuchar, paradójicamente, la música que él más amaba, el cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven. Así llega a una vaga sensación de pecado e injusticia, y proclama su curación y alabanzas al Señor. Ahora será –por inducción mecánica- un ¨sujeto impelido al bien¨ como dice el ministro del Interior. Y aunque el sacerdote de la cárcel afirme que no es una verdadera curación porque el ¨sujeto no puede elegir¨ moralmente entre el bien y el mal, Alex ha quedado como una naranja suave y tierna por fuera.

Pero resulta que la curación de Alex, una vez retornado a las calles –y sin poder volver a habitar su cuarto porque sus padres lo han sustituido por un muchacho extraño-, lo deja ahora indefenso para la venganza de quienes fueron sus diversas víctimas –entre ellos los viejos amigos droogos convertidos ahora en policías violentos-. La sociedad ya no puede hacer nada por él, excepto restablecerlo al estado de violencia anterior, pero ahora como amigo del poder, integrado y apocalíptico como siempre. Y es así que varios Alex volvieron a aparecer, envueltos en el pánico del estrago de las bombas de Londres, en el subte de Londres, muchos años después, acribillando a un brasileño, que creía estar buscando algún destino distinto.


¨LA CIUDAD DE DIOS¨

Esta película, inscripta en una línea argumental tan alejada del realismo mágico latinoamericano, del año 2003, dirigida por Fernando Meirelles, nos describe con crudeza la vida de las favelas de Río de Janeiro, donde la pobreza, la falta de oportunidades de sus habitantes, la inmovilidad social, el abandono absoluto del Estado, y el tráfico de drogas y armas cruzan la cotidianeidad.

Esta realidad también nace en los años 60 cuando el primer desplazamiento de gente de las favelas de los morros de Río de Janeiro se instala en el llano de la así bautizada “Ciudad de Dios¨, con casillas de material, delineadas en cuadrícula española, con acceso al gas en garrafas, a un paso del mar y de la muerte. Pero poco ha cambiado comparado con la vida en los morros. Sin oportunidades sociales, sin educación, los niños van formando un entramado social pandillero donde la violencia, la ¨ultraviolencia¨, los va ganando como forma de sobrevivir, o también de morir muy tempranamente.

Sin trabajo, o con trabajos muy mal pagos que los hacen desesperar, los niños van soñando con ¨robar la casa de un rico¨ para poder salvarse. Finalmente, atrapados en su propia Ciudad, comienzan a robarse y matarse unos a otros, pobres contra pobres. Y la policía, creada como una fuerza de contención, a lo único que se dedica es a buscar, encarcelar o matar pandilleros, siendo tan víctimas como los primeros. Un mundo donde no hay salidas. Un dragón que se muerde la cola a sí mismo, mientras los proveedores –que no se ven- de armas, marihuana y cocaína, con la policía corrompida, hacen sus grandes negocios.

La película es la historia de ¨Cohete¨, un muchacho de la Ciudad de Dios, ladronzuelo sensible, que admirado por el quehacer fotográfico logra salir de la favela y trabajar ya entrado en la adolescencia en el Journal Do Brasil como fotógrafo, retratando a su propia gente. Podría haber terminado perfectamente sus días emigrando y caído en el subte de Londres. Pero muy pocos logran salir de ese círculo. La clase media aparece como la principal consumidora y proveedora de fondos al círculo ilegal del dinero. Historia de amistades cambiantes, inseguras, lealtades muy escasas. La pobreza y la muerte instantánea cruzan a todo momento por la divina ciudad.

Cuando ¨Cohete¨ cumple los dieciséis años, esto es, avanzada la década del setenta, el consumo de marihuana –que parece darse a todo nivel, indiscriminadamente- trastoca por la pesada cocaína, fuente de mejor y mayores ingresos. Cohete además persigue el amor imposible de una chica blanca Pero Angélica, mezclada con los favelistas por esa atracción del olor a las armas, al poder, y a la muerte trágica y romántica del amante, sueña en cambio su ideal hippie y convence a un bandido a irse a vivir al campo.

Así, con la distribución y venta de drogas como eje central de la película, aparecen sus distintos personajes: los barriletes (o avisadores de la llegada de la policía), el mozo de reparto (el distribuidor de las porciones de droga), el vapor (siempre listo para esfumarse), el soldado (guardia armado), el gerente (que cuenta lo vendido y realiza cálculos) y el patrón (dueño de la sección de la favela). También los soplones de la policía.

Hay personajes que podríamos describir tiernos tanto como siniestros: son los enanos, bandas de niños de 5 a 7 años, dedicados al robo en marabunta. Viven en una sección sin ley ni jefe, ni padres, hambreados y ya sedientos de violencia, desesperanza. Al final de la película se los visualiza como los nuevos amos del terror, cuando la masacre terrible entre las bandas rivales ha hecho su juego de destrucción y ¨limpieza¨. ¿Qué nos sorprende? ¿Es que no estábamos avisados?

Los favelistas no dejan de soñar con un mundo al que odian: quieren tener las últimas zapatillas Nike, las mejores camisetas, los jeans de marca. Algunos quieren ser play boys como si ése fuera el modelo de la felicidad. Limítrofes con el lumpenaje, pero con un oscuro sentimiento de clase odian al rico y a sus mandantes directos, la policía. No dejan de admirar ciertos placeres del mundo moderno que los ha marginado. Pero, como se dice, ¨la honradez no paga¨, y entonces los códigos son los de la violencia, el narcotráfico y el tráfico de armas, la detentación de un poder por un control muy pequeño. Cada tanto, las guerras entre pandillas, infladas desde afuera, o fogoneadas por incidentes menores por la ambición del dinero o de las mujeres, hace su trabajo donde el dragón sigue mordiéndose la cola.

El trabajador no es despreciado, pero se le tiene cierta desaprensión, como una marca de falta de virilidad. Quienes empuñan las armas son los hombres. La mujer acompaña al violento o al buen mozo. En fin, la favela, tierra de purgatorio para los pobres sin salida, a veces se convierte en un infierno. Ciudad de Dios, abandonada por Dios.

COMPARACIONES:

La ultraviolencia como medio de vida:
En la Naranja Mecánica los adolescentes que lo pueden tener todo del mundo moderno londinense, lo repudian por vacío e hipócrita, y en su cabalgata de horror por la noche de la ciudad se vuelven contra sí mismos al mismo tiempo que se convierten en parte del poder que los ha engendrado.

En la Ciudad de Dios los niños y adolescentes que nada tienen ni lo tendrán, al no poder descargar su odio hacia fuera, encerrados, también se vuelven contra sí mismos, al margen del Estado que los margina y no los acepta. Ambos muchachos: uno del polo del mundo moderno –Londres-, y otro de su subproducto miserable –Río de Janeiro-, parecen ser títeres inconscientes de un titiritero que los digita en un juego a su favor para su propio beneficio. La serpiente anida en Londres, y sus huevos, en todo el mundo.

La desesperanza como situación del espíritu empobrecido:
En la Naranja Mecánica Alex sólo vive por las drogas, el sexo rápido, la violencia y la sangre como fuente de placer, sin futuro. Su cabalgata es intensa pero se sorprende muy efímera, y sin sentido. La resaca y podredumbre del mundo tecnológico en el que vive le repugna, y no sabe adonde dirigirse. Su fuerza interior está perdida, desorientada. La compulsión a destruir es proporcional a la falta de futuro. La Naranja Mecánica es un mal habido sueño individual, que termina congraciándose con el control social, del cual es su indudable producto de origen.

En la Ciudad de Dios, Cohete va advirtiendo que el mundo de las drogas, la posesión del poder, los espacios por sobrevivir con dinero, son efímeros también. La vida es muy corta allí. El círculo de la pobreza parece ser imposible de superar. No hay futuro para los habitantes de esa Ciudad. Ciudad de Dios es un mal habido sueño colectivo, que termina destruyendo a todos sus individuos. La desesperanza de la modernidad del siglo XX en los dos polos: la ciudad de la extrema riqueza del imperio inglés, y la ciudad de la extrema pobreza del mundo que ese imperio, u otros similares, van regando con desigualdad y desprecio.

¿Nos damos cuenta que el fino fluir, imperceptible, dramático devenir de ambas realidades de los últimos cuarenta años en todas partes del mundo desembocan en el embudo de lo mismo? Oh modernidad! Qué bellamente armado y sangriento es tu rostro, y greñosos tus cabellos que se extienden por allí y por acá!. ¿Quién será el torpe, el necio, que puede cantar algo por ti?

En el año 2004 el brasileño Juan Carlos Menezes, 27 años, nacido en la pobre Ciudad de Gonzaga –otra Ciudad de Dios al fin-, al sureste de Brasil, de padres campesinos, muere bajo siete balas asesinas dirigidas directamente a la cabeza por los nuevos droogos mecánicos, convertidos al poder del Estado de la monarquía parlamentaria inglesa, envueltos en el pánico de la mala conciencia de su propia autodestrucción.

Por Víctor Gabriel GullottaAbril del 2007

LAS VENAS ABIERTAS DE BOLIVIA

Una Increíble Historia de Plata, Oro, Caucho, Salitre, Estaño e Hidrocarburos.


Bolivia, ubicada en el centro de América Latina, con una geografía diseñada tanto por el altiplano como por la llanura, andina y amazónica, ha sido y sigue siendo un país que en materia de recursos naturales ha recorrido la misma secuencia del desarrollo del mercado de demanda de los últimos cinco siglos, y sufrido sistemáticamente una depredación extractiva que la dejó, en cada etapa, exhausta y sin nada para ella. Ese proceso de sangrado parece haber llegado a su fin. La Bolivia de Evo Morales ha tomado conciencia que no se puede seguir así. Algo nuevo está ocurriendo en el país hermano, corazón de Sur América continental. El inicio del largo retorno a la fortaleza incaica y a la recuperación de la Nación. Para la Argentina, resulta de vital importancia estratégica regional que el proyecto de Evo cristalice, porque será un espejo que nos devolverá nuestra propia imagen latinoamericana, muchas veces perdida en los oscuros tugurios de una formación racista, inglesa y pronorteamericana.

Potosí y Fray Bentos. Galeano y Borges.

Cuando los europeos llegaron a estas tierras, las minas de Potosí –ciudad que fundada en 1545 llegó a ser la más importante del continente-, sirvieron para proveer de plata y oro al continente conquistador, situación aprovechada fundamentalmente por Inglaterra en la etapa de su acumulación precapitalista. El narrador, poeta e historiador Uruguayo Eduardo Galeano, escribió en 1970 Las Venas Abiertas de América Latina, y mostró el esplendor y decadencia de la ciudad de Potosí. Nuestro Jorge Luis Borges –tan opuesto a Galeano-, escribió un famoso cuento, “Funes el Memorioso”, (Artificios), en 1944, donde ubica a un tal Irineo Funes en la muy uruguaya ciudad de Fray Bentos. Vale mucho la comparación entre las dos ciudades y los dos escritores. De aquella grandiosa Potosí no queda nada; sólo enfermedad y abandono. De ésta Fray Bentos, elevada al altar de las tecnologías “limpias” , esperamos acaso que ocurra algo muy distinto a Potosí después de cierto tiempo?

Potosí, ciudad olvidada, depredada, rescatada por el uruguayo Galeano. Fray Bentos, ciudad olvidadiza, bandera de la nueva explotación industrial sin indios mitayos, mencionada en un viaje de la infancia por Borges. Irineo Funes, fraybentino, buscaba recordar todos los detalles de las cosas, pero había perdido la “capacidad de pensar”. Galeano, montevideano, en cambio, nos quiere hacer pensar. Muchos charrúas, y otros tantos argentinos, siguen creyendo hoy en la salvación y desarrollo económico por vía de la entrega de nuestros recursos naturales. Galeano es una de las pocas figuras uruguayas que ha salido a denunciar a la pastera Botnia, la futura decadencia de la nueva Potosí-Fray Bentos, a pesar de ser criticado allí como “traidor a la patria”. Nuestro anglófilo Borges sin duda hoy habría levantado el puñal contra la Bolivia de Evo, y reivindicado a su extraño “amigo” Funes, el memorioso para nada de Fray Bentos. En América, como entonces, como ahora, se enfrentan la visión de la verdadera memoria para el futuro, por un lado, y la visión del olvido y el ocultamiento de la verdad para borrar el pasado, por el otro.

Guerras de albatros y cubiertas Goodyear

Cuando la Revolución Industrial inglesa (siglo XVIII y XIX) ya estuvo consolidada, Bolivia nuevamente pasó a ser desangrada con la extracción del guano, dejados por los albatros en la costa, y el salitre, utilizados por Europa -y sobre todo Inglaterra- para fertilizantes o pólvora, respectivamente. La Guerra del Pacífico (1879), acicateada por Inglaterra, provocó que Bolivia perdiera su salida al mar a manos de Chile, y toda la zona productora de estas materias primas en la zona de Antofagasta y Atacama. El origen de esta guerra estuvo en el intento boliviano de querer cobrar una tasa de 10 centavos por tonelada a la inglesa Melbourne & Clarke, que operaba en Antofagasta.

Pero no fue la única pérdida sufrida por Bolivia. No terminaba el siglo XIX cuando perdió la región del Acre a favor de Brasil, zona de explotación del caucho, vendido por sus inútiles élites gobernantes. Mientras Goodyear, y las primeras automotrices fordistas desarrollaban el automóvil y el neumático, Bolivia intentó gravar la exportación del caucho de su zona amazónica –era el segundo productor mundial-, que contrabandistas brasileños concretaban a través del río Acre. Así llegó la llamada Guerra del Acre (1899-1903), que representó la pérdida de 190.000 km2 para Bolivia a manos de Brasil, más que lo rendido anteriormente con Chile.

Estaño para soldar entuertos. Sangre por petróleo y gas.

A fines del siglo XIX, la producción minera de plata fue reemplazada en importancia por el estaño, convirtiéndose para Bolivia en el primer producto de exportación, ya que comenzaba, sobre todo en Europa, y otra vez en Inglaterra, el agotamiento de las viejas minas de Cornwall. Se alzaba la era del incremento del consumo de bronce y latón, la soldadura y la expansión de la hojalata. Había que resolver entuertos de ingeniería, construcciones fantasmagóricas, amoladoras de carne humana. Los antiguos dueños de las minas de plata perdieron influencia a favor de los nuevos dueños de las minas de estaño. Pero a diferencia de los señores de la plata -profundamente enraizados en la oligarquía tradicional-, los nuevos magnates del estaño eran generalmente advenedizos, ligados en todo caso más aun con el gran capital internacional, no menos despiadados y entreguistas, como aquellos. Las ganancias obtenidas sin duda no se destinaron para soldar la unidad boliviana.

El ascenso de esta nueva rosca del estaño rompió entonces con el “equilibrio” logrado en las últimas décadas del siglo, y precipitó las oposiciones regionales y políticas (Sucre por un lado, La Paz por el otro; conservadores y liberales), en las que se manifestaban el conflicto entre los nuevos sectores mineros y mercantiles -que movilizaban a las clases medias urbanas, e incluso al campesinado-, contra la vieja oligarquía terrateniente-minera (en 1898, con el triunfo liberal, la sede del gobierno se traslada de La Paz a Sucre, Departamento de Chuquisaca, simbolizando el desplazamiento del poder).

Con el régimen liberal resultante se intensificó la penetración imperialista (ferrocarriles, empréstitos leoninos). En 1920 la minería aportaba el 90% del total de las exportaciones bolivianas (el 74% de estaño y el resto en plata, plomo, zinc, cobre, bismuto, tungsteno, antimonio), y representaba el 40% del producto bruto nacional. Los sectores y regiones agrícolas se mantuvieron estancados. Los enormes beneficios obtenidos por las empresas mineras se revertían parcialmente en inversiones, y la mayoría de las utilidades salían del país en pago de gastos de transporte y fundición, o para ser invertidas en el extranjero en el circuito de las finanzas europeas. El sector minero en el país tenía una extraordinaria concentración en tres grupos solamente (el grupo Simón Patiño, que ligado con el corazón del capitalismo británico producía el 59% en 1929; el grupo Mauricio Hochschild que controlaba el 10%; el grupo Félix Aramayo que controlaba el 5% del total de las exportaciones mineras). Fue así como aun en los años de mayor prosperidad de la minería el gobierno vivía en una penuria permanente. Sólo cuatro ejercicios fiscales no arrojaron déficit en treinta años.

A partir de 1930 se observa lentamente la penetración de los intereses norteamericanos, en la búsqueda y explotación de pozos petroleros. Durante la Primera Guerra Mundial EEUU se había convertido en uno de los principales compradores del estaño boliviano. Pero la producción de estaño -luego de esa guerra-, ya sea por el colapso de la industria en Europa, ya sea por la aparición de nuevos productores –el propio EEUU-, empezó a decaer y se cerraron muchas minas. La cotización de la barra de estaño a nivel mundial sufrió una estrepitosa caída. La clase rosquera del estaño comenzó a tambalear. Cuando el gobierno de Gualberto Villaroel (1943-1946) quiso gravar la producción de estaño controlado por Simón Patiño y la oligarquía, ya había pasado su momento de auge, con precios controlados desde los grandes centros financieros internacionales.

En esa primera mitad del siglo XX también Bolivia y Paraguay habían iniciado programas de desarrollo de la inhabitada región del Chaco, que desembocó en la Guerra del Chaco (1932-1935), acicateada una vez más por Inglaterra, que decía haber descubierto importantes yacimientos de petróleo en la región. Bolivia perdió importante territorio a favor de la segunda, con desastrosas consecuencias para ambas naciones. Hubo un primer intento (1936) del gobierno boliviano por confiscar y expulsar a la Standard Oil Company de New Jersey (que rivalizaba en dicho territorio con la angloholandesa Shell), dando origen a YPFB, pero derivó en su posterior derrocamiento. De hecho, toda la región actual del sur del Departamento de Santa Cruz de la Sierra -ex Gran Chaco-, ligada con una importante red de comunicaciones a Brasil, es la zona por excelencia de las refinerías de petróleo y producción de gas. Y de grandes extensiones de tierra fértiles semicultivadas produce el mayor Producto Bruto Interno de la Nación, fuente de las actuales tensiones entre el Occidente altiplánico y el Oriente húmedo.

De esta última etapa, extractiva del gas, Bolivia exportó y exporta gas a varios países vecinos (y se consideró exportar gas también a México y EEUU vía Chile, intento frustrado por la reacción popular), pero sólo el 1% de su población tiene el fluido en red domiciliaria. El costo de una sola garrafa supera el salario mensual de cualquier obrero. Recursos naturales inmensos e indigente situación de vida de sus habitantes, creada por quienes gobernaron a Bolivia desde siempre, desde la rosca y la entrega. Desequilibrios que deben resolverse a favor del campo popular, conservando la geografía de la Nación, o confluir en la balcanización que pivotea la embajada norteamericana. Ello no dejará a la Argentina fuera del conflicto.

Hoy, las regiones pobres de Bolivia –indígena o mestiza, población mayoritaria y marginada social y políticamente, minera, altiplánica, campesina, cocacolera- del Occidente Boliviano, esto es La Paz, Cochabamba, Oruro, Chuquisaca y Tarija, sostienen la necesidad de la unidad nacional, y cambiar la distribución de la renta nacional. En cambio, algunos pobladores de las regiones más ricas de Bolivia, del Oriente Boliviano, esto es Pando, Beni y Santa Cruz de la Sierra –blanca, baja o de llanura, más urbana, odiosamente antiindígena en la raíz de sus viejas clases dominantes, campesino-industrial-, sostienen la necesidad de iniciar un proceso autonómico. Apenas ocultan sus deseos de la partición de Bolivia y el nacimiento de un nuevo país, que asegure no distribuir la renta nacional hacia las regiones más pobres, y quedarse para sí (en realidad, para los grandes intereses multinacionales) con los ricos recursos naturales del petróleo y el gas natural de la región. El Occidente, en este panorama, se adelanta con el pedido de nacionalización de los hidrocarburos, y el llamado a una asamblea Constituyente que renueve el pacto constitucional entre todos los bolivianos, para así salir al cruce de cualquier intento separatista.

Históricamente, la Bolivia Occidental fue abandonada a su suerte. La producción minera del Occidente Boliviano, como ya vimos, se ha reducido considerablemente en el mercado internacional, a expensas de los precios, de la falta de inversión en renovación de equipos y tecnología, desangrada en el puro afán de la industria extractiva que no dejó nada a su paso. Y no hablamos de Cochabamba, cuando reaccionó furiosamente contra el alto costo en dólares que impuso la recién llegada empresa privada de agua potable, la estadounidense Bechtel. La llamada guerra del agua acabó expulsando a esa firma y amplificó la manera de hacer política. El salitre, el guano y el estaño quedaron atrás. La reforma agraria, alguna vez intentada tibiamente, quedó relegada, y las grandes extensiones de tierras permanecen. Pero hoy vuelve a aparecer con renovada fuerza su definitiva concreción. Los hidrocarburos están en proceso de nacionalización. Por primera vez en muchos años empieza a haber superávit fiscal para desarrollar políticas de Estado por el cobro de regalías. Una tercera parte de la población que se gana la vida con el cultivo y la comercialización de la hoja de coca, sobre todo en las tierras del Chapare, podría comenzar a diversificar sus cultivos en paz

El pequeño mundo de esta parte del continente está cambiando a pasos acelerados. El Presidente de toda nuestra querida Bolivia, Evo Morales, está en peligro. Quiere cortar el hilo de la historia de explotación y depredación, para poder hilvanar otra, de desarrollo equilibrado, y solidario. Tratan de impedirlo los intereses mezquinos, los idiotas útiles, los desinformados, fácilmente cooptados, el racismo secular. Vaya por Evo y por Bolivia nuestra Argentina solidaridad.


Víctor Gabriel Gullotta
2007

Documentación utilizada:
Del Campo, Hugo, Villarroel, Ejército y Nacionalismo en Bolivia, Historia de América en el Siglo XX, Centro Editor de América Latina, 1972
Galeano, Eduardo, Las Venas Abiertas de América Latina, Catálogos, 2003
Mas, Hugo, Revolución y contrarrevolución en Bolivia, Centro Editor de América Latina, 1971

miércoles, 29 de julio de 2009

AHORA SÍ, QUIEN APUESTA AL DÓLAR PIERDE

“Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos…Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia…”
Jorge L. Borges, Las ruinas circulares

“Hoy ya no me queda nada; ni un refugio… ¡Estoy tan pobre!
Solamente vine a verte pa’ dejarte mi perdón…”
Armando J Tagini, La Gayola, grabada por Gardel en 1927.


Varios cagatintas hoy repiten que el único refugio ante el más grande colapso del sistema financiero capitalista sigue siendo el dólar, hasta que, como en el cuento de Borges, termine comprendiéndose, con terror, que este billete es sólo una mera apariencia de lo que quiso ser, o como dice el tango gardeliano de la precrisis de 1929, huya, paradójicamente, hacia sí mismo, al refugio de los que ya no tienen refugio.

Miles de personas, creyendo que estamos en la época de las cíclicas devaluaciones del peso argentino ante el dólar -y malos reflejos mediante-, inducidos por los grandes medios de in-comunicación y desinformación, corren con cierta premura a refugiarse locamente en la moneda que ha devorado y devora al mundo de hoy. Quedó muy grabado en la memoria popular aquella falsa desmentida del ministro de Economía de la última dictadura, Lorenzo Sigaut, en 1981, cuando dijo “el que apuesta al dólar pierde”, y a los tres días estaba devaluando 35% la moneda nacional.

Si hay algo que dejará el choque contra este iceberg financiero-económico internacional (¡Jacques Attali, asesor del gobierno de François Mitterand, lo advertía en 1981!), con epicentro en EE.UU. y rápidamente propagado a Europa y Japón, es que el dólar dejará de ser la moneda reserva de valor mundial, en un proceso que no podemos aventurar si será de meses, un par de años o algunos años. ¿Por qué? Porque se soñó a sí mismo, creyendo que a partir de sus pesadillas imperiales podía multiplicar a su imagen y semejanza los hombres, los mundos y las sociedades. Porque fue tanta la riqueza que devoró para alimentarse, y tanta la pobreza que multiplicó por el planeta -inversamente a la multiplicación de los panes que repartió Cristo- que lo único que le queda es el espejo de la nada, una vacía referencia de valor, un agujero negro que ni siquiera la ciencia de los economistas puede calcular. (Véase nuestro artículo “El Amor en los Tiempos del Petróleo, ¿Quién Ama a Wall Street?”, marzo de 2008, en Los Indios Kilmes y El Suri, publicado poco antes del estallido financiero mundial).


Burbujas y tormentas perfectas. ¿Quién es el malo del barrio?

Hace tiempo hubo “burbujas” de valores inmobiliarios (Japón, sudeste asiático, España), que inflaron a valores irreales los precios de viviendas, oficinas y locales. Hubo “burbujas” de valores de commodities (cereales, oleaginosas, productos sin valor agregado), alimentos e hidrocarburos, que hiceron inaccesible para los pueblos elementos de vida cotidiana esenciales. También hubo “burbujas” de valores de acciones de bolsas, que elevaron a precios fabulosos empresas de papel, tecnológicas, informáticas, financieras. Y ahora, con todo ello, se está formando la “tormenta perfecta”, la “burbuja” de la emisión de bonos dolarizados del Tesoro de los EE.UU. para cubrir el inmenso déficit generado (consumo y despilfarro), durante décadas, el llamado “plan de rescate” de bancos y empresas. Crecimiento exponencial del endeudamiento norteamericano (también europeo) ante el mundo. El que emite sin respaldo real a la larga juega contra la credibilidad y sustentación de su propia moneda. Ya sabemos acerca de esto en la Argentina.

Ningún cagatintas de los grandes medios de in-comunicación y des-información tiene la honestidad intelectual -o la suspicacia, al menos-, de preguntarse o aclarar dónde fue a parar la pérdida de tan inmensa riqueza, a qué Estado Nacional, a manos de quién o de qué grupos. Porque -como en la ley de la física escolar de Lavoisier-, nada se pierde, todo se transforma. Uno solo, oscuro personaje, Bernard Maddof, estafó a grandes inversionistas -algunos argentinos-, en apenas cincuenta mil millones de dólares. ¿Y dónde fueron las oscuras golondrinas verdes otros nidos a poblar? Se está hablando de una pérdida (estafa planetaria), un agujero negro, de once billones (millones de millones) de dólares. Véase el artículo del valiente e informado periodista Raúl Dellatorre, en Página 12 del sábado 7 de febrero de 2009 (“La madre de todas las burbujas”).

Suramérica recibe y recibirá un ataque en toda la línea. A veces desde dentro: Alan García, Presidente del Perú, acaba de pedir, junto con el despedido Bush, que nos neguemos a cualquier “proteccionismo” en los flujos comerciales (que los países pobres vuelvan a abrir sus fronteras indiscriminadamente), para que la crisis de los poderosos la terminen pagando los más débiles en las relaciones de intercambio. No sería muy impropio pensar que una parte del estallido de la crisis está diseñado, con cierta inteligencia supranacional, además de lo indudablemente objetivo, para detener el crecimiento de Suramérica y la constitución de su unidad continental.

Alberto Padilla, comentarista financiero de la CNN dice, por ejemplo, en un caso de cinismo impagable, que se cierne la “tormenta perfecta” sobre Venezuela (caída internacional del precio del petróleo y el 40% de caída de las exportaciones del oro negro a EE.UU.). Véase las analogías de augurios posibles que surgen para la Argentina, Chile o Brasil. Con ello, concluye el des-informador, el in-comunicador, que Venezuela no tendría “caja” para sostener su revolución bolivariana. Y, por casa, ¿cómo andamos, Padilla? El Presidente Hugo Chávez acaba de decir que aun con un precio del barril del petróleo a u$s 0, no se detendrían ninguno de los programas sociales previstos para varios años, cuando en EE.UU. ya hubo un millón y medio de desocupados en el último trimestre.

Si, pongamos por caso, el malo del barrio todavía conserva cierta credibilidad basada en la aplicación de presiones -cuando no, del terror-, por sus andanzas pasadas, y dice que quiere pagar (enjuagar) todas las deudas y entuertos emitiendo miles de millones (billones) de dólares (en títulos o en papel moneda), con la maquinita que tiene en el gallinero, y el barrio todavía le sigue recibiendo esos “valores” emitidos por él (es decir, financiando con trabajo su holgazanería e improductividad: gastos en armamentos, lujos, timbas), entonces que algún sabio economista desmienta si en algún momento eso no se caerá a pedazos, produciendo la miseria masiva de todos aquellos que, por miedo o negligencia, a modo de refugio, los acumularon de “buena fe”. De la posibilidad que el malo del barrio pueda seguir descargando su malicia en el vecindario, y que este la siga aceptando, depende la subsistencia de este sistema perverso. Cada vez se le hace más difícil, y el dólar está iniciando su decadencia. Por lo pronto, la Argentina pasó a acumular de 0,3 toneladas de oro en 2003 a 54,7 toneladas de oro en 2008, constituyendo el 3,3% de sus reservas totales. En el mundo crecen las reservas en oro físico.


Las monedas nacionales versus dólar. El combate de las Naciones contra el Imperio

Lo que estamos viviendo es la conmoción de todas las monedas del mundo (bolsas, acciones de empresas, bancos, reservas de bancos centrales), dado que papá dólar se está muriendo de enfermedad terminal. Esas monedas nacionales, por el momento, siguen sin encontrar otro refugio seguro, o valor de referencia internacional, y se deprecian forzosamente, al son de la última apreciación del dólar que sobreactúa contra la estabilidad monetaria de todas ellas. Algunos hasta tienen la desfachatez de decir que es una vez más una demostración de la solidez del capitalismo y la globalización.

Cuando el refugio sigue siendo el dólar se nos impele a que lo sigamos financiando. Entonces, el gobierno norteamericano sigue emitiendo billetes o bonos, inconmensurablemente, para financiar su cada vez más patético y horroroso vacío de valor real, su consumo e inversiones sin contrapartida en producción. Todos los países estudian medidas para poder exportar a todos, y todos estudian medidas para protegerse de las importaciones, al mismo tiempo, ecuación de difícil resolución positiva. Más aun, cuando todo el comercio internacional sigue siendo regulado por el dólar (en menor medida, por el Euro), moneda que baila en el vacío o en la nebulosa de su verdadero valor.

Esto resulta un brete de magnitud incalculable para el mundo. Pues, de la depreciación de la moneda propia contra el dólar, se sale exportando y protegiendo la propia cadena de generación de valor nacional, o desarrollando el consumo interno, o ambas cosas. Pero, cuando del otro lado de la cadena comercial, están haciendo lo mismo desesperadamente, los choques de fuerzas serán inevitables, y nos podremos encontrar ante un choque total de naciones, bloques o continentes, si no se construye un nuevo sistema de cooperación internacional. De lo contrario, los gobiernos saben que de la conmoción de las monedas que no puedan emerger de esta debacle, se pasará a las conmociones sociales por caída del consumo y desempleo masivo, al descontrol político de las naciones, a la caída brutal de las instituciones, tal vez a un caos mundial. Pero ¿cuál es la efectividad, si todos hacen lo mismo, pensando contra el otro y no en un sistema de cooperación y solidaridad? Si los grandes tenedores de bonos del Tesoro de los EE.UU. y de dólares (Japón y China), o de otros grandes bancos centrales, salieran al mercado a vender esas tenencias, por desconfianza ante la falta de realización de efectivo para cubrir las necesidades internas de sus propias monedas, se provocaría una corrida planetaria contra el dólar, valor que se pincharía como una pompa de jabón, la madre de todas las burbujas. La apuesta al dólar de cientos de miles, millones de personas, empresas y naciones será la más grande catástrofe y estafa del ahorro nacional.

El imperio anglo-norteamericano, y no sólo, está desesperado para que los países de Suramérica pierdan sus superávit fiscales y comerciales, y vuelvan a endeudarse, compren crédito en dólares. El conflicto con las patronales del campo en la Argentina, y gran parte de la arremetida de una oposición política, ciega y anacrónica, que se le une vergonzosamente, más la campaña orquestada por los grandes medios de in-comunicación y des-información, se encuentra en consonancia con los propósitos antinacionales de las embajadas de EE.UU., Inglaterra y otras: desfinanciar al Estado, y volver a someterlo a las reglas del “libre” mercado de las empresas trasnacionales, y sus servidores internos, para descargar la crisis que ellos provocaron en el corazón de los pueblos del mundo. A Eduardo Buzzi le podríamos cantar: “todo es mentira, mentira es el lamento, hoy está sóoolo mi corazóon”, y esa es la cruel verdad de los propósitos vergonzantes de una variada y extremadamente ciega oposición, la mentira de fondo tamizada por la utilería de algunas verdades. Pero la cuestión no es Buzzi, sino el progresismo liberal en la Argentina, que lo buscó y busca como aliado y, como siempre, sigue siéndoles funcional y aliado a la oligarquía y a los intereses antinacionales, desde la aparición del Coronel Perón en la Secretaría de Trabajo, allá por 1943. ¿Qué es la patria? ¿Quién es la patria?


La mesa de desenlace

Si cada país de nuestro continente cree que puede salvarse por sí solo estará liquidado. Urge, por ello, la integración comercial de cadenas de valor por complementariedad (te vendo lo que tengo y te compro lo que no tengo), mediante un sistema que tendrá mucho que ver con establecer otra referencia de valor que no sea el dólar. Dificilísima tarea porque algunos países están más “globalizados” que otros, conectados con distinta intensidad en otros mercados internacionales (no es lo mismo Brasil que Paraguay, y Argentina que Ecuador). Pero entendemos que la tarea deberá ser, a revienta caballos, de supervivencia, con líderes unificantes.

La élite económico-financiera -una particular Mesa de Enlace reducida- que gobierna el mundo por encima de Bush, Obama o Putin, sabía de estos resultados: preparó y desencadenó este monstruo que arrasa riquezas por varios lados (desempleo, ahorros, producción), al mismo tiempo que las concentra en pocos. No nos sorprende del todo, aunque no deja de ser una asombrosa torsión de la cola del animal que se va cerrando sobre los pueblos. Podemos asegurar, sin temor a equivocarnos, que de ese pequeño lugar, donde el gran capital resuma codicia y avaricia, no están preocupados; están eufóricos por haber llegado a este punto, buscado tal vez desde hace siglos. Los voraces saqueadores de riquezas están atentos para que el desmadre provocado por ellos mismos quede dentro de sus cálculos. Se ríen de los pueblos, se burlan de los gobiernos nacionales, y hasta serían capaces de entregar a Bush a un tribunal internacional por crímenes de lesa humanidad, si eso sirviera, una vez más, para ocultar los verdaderos poderes en las sombras; de entregar el dólar a la hoguera de las vanidades, y de hacer retroceder al propio EE.UU. al industrialismo de comienzos del siglo XX.


La mano en el bolsillo y en el corazón. Bicentenario y conciencia nacional

Ante la incertidumbre, entonces, acción orientada siempre hacia la defensa de los pueblos de este continente. Desde un punto de vista nacional hay que poner todos los ahorros, depósitos y riquezas acumuladas a generar más bienes, consumo vital, servicios, créditos, educación y cultura, bien distribuidas, dado que, a nuestro entender, hoy y cada vez con mayor agudeza, se planteará que no hay ni habrá moneda de referencia que fije un patrón de resguardo (refugio) de valor absoluto. No habrá crédito externo. Vivir con lo nuestro y ponerlo en acción. Máquina que no trabaja se oxida. Capital que no circula en el trabajo productivo se funde, ya no podrá revalorizarse en el circuito financiero. Obreros que no trabajan no generan consumo, fortaleza de tejido social, y cultura nacional. El ahorro de la Nación, los trabajadores, las clases medias, empresarios, por ejemplo: lo acumulado en las AFJP bien extinguidas debe ser canalizado como respaldo de obras que generen más valor, conserven lo ahorrado del trabajo y generen más trabajo (no inversiones en Wall Street, como estaban antes, que quedan embargadas al fin por un juez de EE.UU.). Unidad nacional por sobre las acciones de las naciones imperiales y de los grupos que se le ponen a su servicio, objetiva o subjetivamente. El bicentenario nos puede encontrar fundando una nueva Nación o hundiéndola en el fragor planteado por los inútiles y vergonzantes, o malignos, internos y externos, y por una situación internacional colmada de egoísmo y desesperación.

Los propietarios de cajas de seguridad, que están refugiados en monedas, debieran entender que, antes que se encuentren con humo verde el día que las vayan a abrir, es mejor invertirlas en bienes o acciones tangibles nacionales. La burguesía que vive en el país, y que alguna vez soñó que su cuenta corriente en el exterior le daba el refugio a su capital de lo usufructuado en la Argentina, para él y para sus futuras generaciones, debiera estar bastante preocupada ante la caída incesante de grandes y “seguros” bancos hacia donde giró la riqueza (casi siempre no declarada), y pensar seriamente que hoy, el lugar menos fungible y más seguro es el país donde se generó, y comience a ponerla en un circuito de producción de valor real, generando empleo, inversiones y consumo, fortaleciendo el tejido social. Si no lo hace, nada cambiará para el país, porque desde que tenemos conocimiento -como clase social o grupo, casi nunca lo hizo-, pero algo sí cambiará para ellos porque, de ser ricos virtuales, pasarán a ser pobres reales. Verán impotentes cómo los ahorros acumulados, que creían que los salvarían para siempre a través de una renta vitalicia, se les escurrirá entre los bancos, las acciones y los bonos extranjeros. Si es así, no tienen ni idea de lo que se les viene. Si extraditan esos capitales dentro de las nuevas normas legales sería una inyección de crédito nacional equivalente al total de nuestra deuda externa y el país estaría más fuerte para enfrentar el golpe al iceberg. Permítanme la ingenuidad del poeta, no la frialdad del economista, que todavía veía en el árbol seco, a orillas del Duero, el renacer de una pequeña hoja en primavera (Antonio Machado).

Llegó la época de un 2001 internacional. Nuestro país dio la vuelta y algunas lecciones tiene para mostrar. Los cacerolazos en Islandia no son casuales. La desesperación de los londinenses frente a la puerta de los bancos no es flema. El abrupto crecimiento de la desocupación en España no es una corrida de toros. La pérdida de millones de ahorros y trabajo en EE.UU. se asemeja al comienzo de la Gran Depresión de 1929. Y así en la mayor parte del mundo. Con la diferencia que ese mundo todavía no aceptó el “cambio de época” y parece seguir empecinado en las recetas liberales, con más o menos intervención del Estado. Mientras se siga creyendo que se trata de una reformulación del mismo sistema, la crisis financiera-económica desatada, y también ecológica-biológica, social y geopolítica se profundizará globalmente en términos indecibles. ¡Dios, la responsabilidad de los gobernantes, y la inteligencia de los pueblos nos guarden de esta!